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Las uvas sin pepitas toman la delantera a las tradicionales en fin de año

Las ventas a días de las campanadas reflejan este cambio en la preferencia de los consumidores | Los precios de las de los racimos con semilla oscilan entre los 4,50 y los 5 euros por kilo

Comienza la cuenta atrás para las campanadas. El fin de año está a la vuelta de la esquina, en Ceuta, los vecinos se preparan para despedir a este 2025. El último adiós a este año que se va no puede ir a solas. Necesita de las clásicas uvas cargadas de buena suerte para el 2026.

La tradición que nació de un excedente en la cosecha, según apuntan diferentes fuentes, cada año marca la lista de la compra de finales de diciembre. Es por ello por lo que en la mañana del martes sobre las once de la mañana se agolpaba ya una ingente muchedumbre en el mercado central.

Aunque otros tantos acuden a las grandes superficies a adquirir los racimos, siempre están los que prefieren ir a visitar a sus tenderos de confianza. Colocados tras numerosas cajas de fruta destacan entre los mangos o las naranjas, las uvas.

Mayor afluencia

A diferencia de otros días entre semana, se da una mayor afluencia. Más de un puesto tiene cola y, los propietarios, como pueden, despachan a todos. Desde almendras hasta tomates, todos hacen su compra normal.

Algún visitante alza la voz para pedir la fruta más vendida antes de terminar el 2025. La de Mohamed Maimón, también conocido como Jaime, es la primera frutería que asoma tras la galería de pescaderías.

“Gracias a dios siempre vienen personas. Mi gente las compra”, asegura. “Están de moda las que no tienen pipas”, comenta. Lo que sí manifiesta es que, esta vez, las de toda la vida “no se las ve con mucho color”.

Rápido, camina de un lado a otro para extender bolsas llenas de verduras y frutas. El vendedor, que lleva años tras el colorido mostrador, admite que cada vez más la balanza se inclina hacia los racimos sin pipas. Son los que toman la delantera a los de siempre.

Pequeñas

A pesar de que quedan en un segundo plano, aún hay quien los compra. Las que usualmente se venden en el año son ligeramente a las que se importan para la ocasión. Las destinadas a coronar las mesas el día 31 son de variedad moscatel y menos gruesas.

Las cajas que han llegado a la ciudad recientemente deben ser vaciadas en tan solo dos días. “Estas son unas chiquititas que se traen en estas fechas. Son las que los ceutíes quieren, las más pequeñitas. Las que no tienen semillas suelen ser más grandes”, cuenta Afritola Rodríguez, que está al frente de un puesto en la zona del pasillo.

La preferencia se paga más cara. Las que no albergan pepitas cuestan, en general, unos ocho euros. Las que sí las poseen, oscilan entre los 4,50 y los 5 euros. Al mismo tiempo que otros productos como los huevos, el aceite y otros alimentos básicos cuestan más que hace años, las uvas resisten a la subida que se esparce por los mercados y por las estanterías de las grandes superficies.

Menos ventas

El coste del fruto se mantiene, tal y como corroboran todos los tenderos. Sin embargo, lo que sí sufre cambios es la cantidad de producto despachado. “No se venden muchas. Vienen los clientes de siempre”, menciona Ilias Mohamed, otro tendero. “Las que tengo son normales. Son de España y poseen la denominación de origen del Valle del Vinalopó”, añade.

El joven, que está en el último espacio de todos los destinados a frutas y verduras, traslada cómo ha cambiado todo en este aspecto. “La gente compra más las de lata en los supermercados. Están peladas y sin pipas”, explica.

Es cierto que se adquieren por ser más fáciles de preparar y de ingerir. Sin embargo, Afritola, entre risas, advierte que esta no es la mejor opción. “Echan mano de eso. No las quiero menospreciar, pero están malísimas. Como estas uvas no hay ninguna”, dice, al mismo tiempo que señala a las tradicionales que están expuestas en su mostrador.

“Una vez las compré. Todavía me mi familia me lo echa en cara”, expresa. Ella lleva mucho más tiempo que él inmersa en el comercio local. Recuerda aquellos viejos tiempos en los que el mercado estaba a rebosar.

“La venta ha caído”, revela. “La gente echa mano a las copitas y latitas. Llevo aquí 31 años y esto antes era una alegría. Ha ido a menos por la comodidad que dan esos productos”, reflexiona.

Sin semillas o con ellas, las uvas se entregan unas tras otras en manos de los clientes. Cargadas, o no, de suerte, se guardan en la nevera antes de sellar este año 2025 y de dar la bienvenida al 2026.

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