Cuando se inauguró a bombo y platillo la Oficina de Asilo en la frontera del Tarajal, todos sabíamos que esa puesta en marcha por el propio ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, no era más que un brindis al sol, ya que pocos ciudadanos extranjeros, por no decir ningunos, iban a solicitar asilo en nuestro país en este puesto fronterizo. Lo que sucede con las peticiones de asilo o de protección internacional, al final, como se reconoce en la información que hoy publicamos en nuestra páginas, termina perjudicando a la propia ciudad y a su manera de desenvolverse de manera diaria.
Ahí tenemos el ejemplo con los argelinos. Gran parte de los mismos, nada más llegar a Ceuta a través de las distintas fórmulas que conocen, saben a la perfección cuáles son los pasos que deben dar para permanecer en Ceuta. La manera de estar el máximo posible para buscar una salida a través del puerto. Si ahí es donde entra lo que antes denominábamos perjudicar a la propia ciudad. Son argelinos que se sitúan en la zona del puerto para buscar y de todas las maneras posibles intentan entrar en un barco para llegar a la Península o donde les lleve la nave.
Y claro, al estar con esa protección internacional, no se les puede hacer nada mientras que una ya otra vez buscan la salida marítima. Mientras que no se resuelve, ahí están, sin más. Por supuesto, que igualmente también la Administración debería tomar cartas para que los expedientes se resuelvan a la mayor brevedad posible y no se hagan eternos. Aquí todos debemos entonar el ‘mea culpa’.





