Los 20 indios del monte organizaron ayer, y lo harán también hoy, una concentración silenciosa a las puertas de la iglesia de África. Una forma de hacer visible su situación y de reivindicar la solidaridad de los caballas. Llevan cuatro años en Ceuta, y siete lejos de la India. Han soportado travesías durísimas, presiones de las mafias, han perdido todo el dinero e incluso a miembros de sus familias. Todo por un sueño, alcanzar Europa. Y así llegaron hasta Ceuta, y aquí se les hicieron promesas. Su situación quedó bloqueada hasta que la propia administración central la desbloqueó comenzando a facilitar el pase a la península de los integrantes de un colectivo que superaba los 70. De todos ellos quedan 20, y sobre ellos pende ahora el futuro incierto y la amenaza de la deportación. La pregunta es clara: ¿Por qué al resto se le facilitó el pase a la península y a estos 20 no? La respuesta no es tan clara, sencillamente porque no existe. Los afectados piden una luz de esperanza y todos los ceutíes se la pueden dar dejando una vela en la plaza de África. Una vela que se encenderá para simbolizar que a Ceuta le importa lo que hay a su alrededor, que Ceuta no defiende las injusticias. Y estamos ante una de ellas. Una clara y cruel injusticia. ¿Lo va a consentir?





