Turía Abdeselam lleva viviendo en Bruselas desde hace cuatro años.
Turía Abdeselam puede decir que ‘ha vuelto a nacer’, dado que una decisión de última hora le llevó a no coger el metro Maelbeek, donde el atentado terrorista sesgó la vida de 20 personas. Turía vive en Bruselas desde hace cuatro años. La crisis la obligó a emigrar desde su ciudad de origen, Ceuta, hasta la capital belga. “Primero fue mi marido y después fui yo con mis siete hijos”.
La mañana del atentado, Turía comenzaba el día con su rutina habitual. A las 08.00 horas llevó a sus hijos al colegio, mientras en casa quedaba un sobrino que estaba pasando unos días de vacaciones en la capital belga. Quiso el destino que, en lugar de coger el metro, tal y como era habitual en su día a día, optó por dirigirse directamente a su domicilio. “Pensé en ir a recoger a mi sobrino para llevarlo al aeropuerto”, explica.
Una vez allí, recibe la llamada de una amiga que, muy asustada le explica que el metro Maelbeek había sido el terrible escenario de un atentado. “En ese momento me eché a llorar, pasé mucho miedo y no sabía qué hacer porque no había manera de ir a recoger a los niños ya que se paralizó todo el transporte público y aquí no hay manera de moverse sino es en autobús, metro o tranvía”.
Sobreponiéndose al shock inicial, Turía decidió avisar a su amiga para que recogiera a sus hijos del colegio y llevar a su sobrino al aeropuerto de Charleroi. “Son cinco kilómetros desde mi casa y tardamos una hora en llegar andando. Por todas partes había un caos total y sirenas de Policía, Bomberos y ambulancias”.
Superado el primer impacto del brutal atentado, el país aún sigue conmocionado. “Ayer por la tarde aún no había nadie en la calle, todo estaba desierto. Nadie manda a sus hijos al colegio por miedo y porque no hay transporte”.
Turía aún no se explica que un día antes de los ataques varios vuelos fueron cancelados por amenaza de bombas y que, sin embargo, no se adoptaran más medidas de seguridad. “¿Por qué no pusieron más vigilancia?”, se pregunta. “Aún estoy impactada por lo que ha pasado. Esta es la capital de Europa y pasan cosas así. No podemos estar seguros en ninguna parte, es una impotencia total, nunca he sentido el miedo tan cerca”, explica emocionada.
Pese a los cuatro años que lleva residiendo en Bélgica, Turía reconoce no haberse adaptado. “Si no conoces el idioma te ignoran. Me siento rechazada incluso por los propios musulmanes que ya estaban antes que nosotros, porque dicen que los españoles vamos a quitarles el trabajo”, asegura. Sin embargo, precisamente esa es una tarea ardua complicada para este inmigrante ceutí. “Llamo por teléfono o envío el currículum y cuando voy a hacer la entrevista y me ven con el pañuelo, me dicen que no les interesa”.
Ante esta situación, Turía lo tiene claro: su intención es regresar a Ceuta. “Mis hijos ya se han adaptado y quieren estar aquí, pero yo prefiero volver y vivir con crisis en España antes que en un país que me rechaza y en el que me siento sola”.






