Mohamed, natural de Guinea, es el único de los más de 200 subsaharianos que llegaron a Ceuta el pasado lunes que continúa ingresado en el Hospital, con fractura de tobillo. En su habitación, tranquilo, tras pasar los momentos más delicados de una entrada que fue complicada, muestra su alegría por encontrarse en Ceuta. Tras recibir la visita de los activistas Reduan Jalid y Abdeselam Mohamed, el primero de Podemos Migraciones y el segundo de la asociación Al Amal, confiesa su emoción por encontrarse ya a salvo.
“Es una alegría estar aquí, Marruecos es como la cárcel”, explica a los activistas. La situación al otro lado de la valla es insoportable para los hombres, mujeres y niños que malviven en campamentos. Hace menos de un mes recibieron ayuda humanitaria en una de las caravanas solidarias formadas por activistas. Entender esa situación ayuda a comprender la entrada a la carrera y en bloque de todos ellos.
Los compañeros de Mohamed están en el CETI, algunos en módulos y otros acogidos en las ocho tiendas de campaña que se ha visto obligada a montar la dirección, para acoger a los que ya no caben en las habitaciones. Una imagen que nunca antes se había dado en el centro del Jaral y que es producto de las entradas continuadas no solo de subsaharianos sino también de personas de otras nacionalidades.
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