Categorías: Colaboraciones

UE: sociedad cerrada

Schengen vuelve a ser objeto de debate en el frente político-mediático. Aflora, una vez más, el carácter retráctil del derecho de libre circulación de personas en el interior de la Unión Europea. El debate suscitado oculta que, en las fronteras exteriores y para la mayor parte de nuestros vecinos, la suspensión de la libre circulación no es temporal, sino permanente. La llamada “Europa sin fronteras” sigue siendo más un producto retórico-político que una realidad social.
La semana pasada, el gobierno español anunció que, en vísperas de la cumbre del Banco Central Europeo en Barcelona los próximos 2 y 3 de mayo, reintroducirá los controles fronterizos de forma temporal. Poco antes, a tres jornadas de la primera vuelta de las presidenciales francesas, se conocía la iniciativa franco-alemana relativa a la reforma del Tratado de Schengen. Ésta, sin visos de prosperar por el momento, abogaba por que los Estados puedan restablecer controles fronterizos de forma provisional cuando algún país del área Schengen no consiga controlar un flujo masivo de inmigrantes a través de las fronteras exteriores de la Unión.
Ambas iniciativas han coincidido en el tiempo. Y, aunque responden a lógicas distintas, convergen en su resultado: la UE  adopta cada vez más el perfil de una sociedad cerrada.
Mientras que el anuncio de Madrid equivale a una contracción de carácter excepcional, a la que ya hemos asistido con anterioridad, la propuesta de París y Berlín apunta en otra dirección. Traza la senda de una retracción política de mayor calado. No apunta sólo al repliegue interior de Schengen. También apunta al retraimiento simbólico de la UE con respecto a su entorno geográfico. La iniciativa franco-alemana no representa sólo una maniobra de seducción al votante xenófobo. Tampoco es una mera embestida intergubernamental a la espina supranacional de Schengen. Es la manifestación de una corriente política de caudal creciente que recorre el subsuelo europeo y que evoca una doble cerrazón por parte de la UE. Ya no sólo frente a sus vecinos inmediatos, con respecto a los cuales la UE sigue articulando un régimen de movilidad humana injusto y asimétrico. Cada vez más, la ola renacionalizadora que recorre Europa, y el cultivo de la angustia ante la pérdida de soberanía que le acompaña, abonan el terreno a la re-estatalización de Europa.  
Esta semana se cumple justo un año del encuentro mantenido en Roma por Sarkozy y el defenestrado Berlusconi, en el que se limaron las asperezas generadas durante la crisis del paso fronterizo de Ventimiglia. Al término de dicho encuentro, ambos mandatarios instaron a la Unión a abordar una reforma urgente del Tratado de Schengen. Fue la culminación de la cascada de acontecimientos activada por el impacto de la primavera árabe en las dinámicas de movilidad humana en el Mediterráneo. La reacción de los gobiernos europeos a la llegada de inmigrantes tunecinos a la isla de Lampedusa puso de relieve el complejo vínculo existente entre la fortificación del perímetro exterior de la Unión y la libre circulación de personas en el interior del espacio Schengen.
Justo un año después, y mientras Sarkozy corteja al electorado de Le Pen, el debate se reabre. Parece un buen momento para recordar que, durante 2011, el número de inmigrantes procedentes del continente africano fallecidos en las costas de la UE alcanzó un pico escalofriante. Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, el año pasado más de 1.500 inmigrantes perecieron en el Mediterráneo.
Es una muy mala señal que el foco del debate se sitúe casi en exclusiva sobre la forma, grado y consecuencias de la restricción de la movilidad a través de las fronteras interiores. Deberíamos dedicar más tiempo a debatir cómo garantizar un mayor y más fluido grado de movilidad a través de las fronteras exteriores.
*Xavier Ferrer-Gallardo es investigador en el Nijmegen Centre for Border Research. Ricard Zapata-Barrero es Profesor de Teoría Política en la Universitat Pompeu Fabra. Ambos son co-editores de “Fronteras en Movimiento. Migraciones hacia la Unión Europea en el contexto Mediterráneo”, Edicions Bellaterra, Barcelona, 2012.

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