En estos días, un programa de televisión, de audiencias considerables, entrevistaba al candidato por la alcaldía de Málaga, y compañero, Luis Rodrigo.
El tema principal de la conversación fue un video que publicó en sus redes sociales donde invitaba a sellar con pegamento los candados donde se guardan las llaves de los pisos turísticos. Asimismo, tal acto llenó de indignación a los tertulianos, incluyendo al director del programa, proporcionándole una crítica feroz y desmedida al entrevistado.
Entre algunas manifestaciones, señalamientos e insinuaciones que le dedicaron fue desde “este chico no tiene nada en la cabeza” hasta casi ficharlo como delincuente. De hecho, creo que si el video dura algunos segundas más el alcaldable acaba siendo preso político y/o tiene que salir exiliado. Si ocurriera esto último, ya se podía reunir con Carles Puigdemont, y de paso comentarle lo malaje que ha sido TV3 con los andaluces.
De todas maneras, y volviendo al tema que nos ocupa, no sorprende el funcionamiento, de una gran mayoría, de los medios de comunicación puesto que su modus operandi es visualizar siempre la punta del iceberg y poco al cascote. En este caso, prefieren subrayar y condenar tanto al video como su protagonista antes de profundizar de las graves externalidades negativas que representan las viviendas de fines turísticos; y, específicamente, en el caso andaluz.
El video puede ser controvertido pero el autor tiene el consentimiento del dueño de la casa; y, además, existe un segundo video donde explica, adecuadamente, que la intención de la grabación no era otra que denunciar las consecuencias que está padeciendo un sector importante de la sociedad malagueña, debido a las viviendas con fines turísticos.
Durante la conversación me llama, poderosamente, la atención cuando el presentador hace, por un lado, una comparación del video con acuchillar a un tertuliano para conseguir mayor audiencia. Y, por otro lado, le exclama que si no tiene otras ideas deja de llamar la atención con cosas absurdas y realice mejores propuestas.
Primeramente, la comparación sí que es disparatada puesto que el propósito de una muerte para captar espectadores no tiene que nada que ver con denunciar la problemática de la turistificación. Así que, como diría Ferreras, es burda. Y, sinceramente, la idea del video no sé si es buena o mala, pero ha logrado abrir el debate público de que el modelo turístico actual es insostenible para el pueblo andaluz.
"El tema principal de la conversación fue un video que publicó en sus redes sociales donde invitaba a sellar con pegamento los candados donde se guardan las llaves de los pisos turísticos"
En esta línea, es curioso la indignación del director del programa cuando, precisamente, gran parte de su éxito televisivo de hoy viene precedido por unas maneras descaradas y, a mi juicio poco éticas y morales, a la hora de calificar a unos participantes venidos de la academia de la música. Por ello, ¿no resulta algo cínico su comportamiento puesto que, en su momento, utilizaba “herramientas parecidas” para llamar la atención?
También, me pareció interesante cuando una compañera del programa acusa a Luís de actuar bajo el hechizo de la cultura del TIK TOK. Y, en ese momento me pregunté, ¿qué hubiera ocurrido si, precisamente, el director del programa hubiera convivido con esa misma cultura allá a mitad de la primera década del dos mil?
Sinceramente, donde queda esa persona del jurado, que podría estar más o menos de acuerdo con su estilo a la hora de valorar a los concursantes pero no se casaba con nadie y retaba a las altas esferas tanto del programa como del canal donde se emitía. No obstante, es posible, que mientras vas creciendo la rebeldía va desapareciendo y el acomodamiento apremia.
Compañero te felicito por tu valentía. No obstante, se te escapó decirle al director que por culpa de las políticas socioeconómicas del partido político de una de sus tertulianas, que gobernó Andalucía durante cuarenta años y que, incluso ella fue partícipe durante algún tiempo, nos ha llevado no sólo a un video si no a una película que parece no tener fin cuyo actores y actrices principales son: desigualdad, contaminación, desempleo estructural, precarización, y muchas familias que no llegan a fin de mes, y muchas barrigas vacías de niños y niñas.
Y, también, habría que comentarle, que el partido que representa el otro tertuliano, donde hoy está gobernando Andalucía, está estableciendo una serie de revoluciones fiscales, verdes y digitales que lo único que está consiguiendo es: suprimir impuestos a los ricos con la consecuencia lógica de quién financia el Estado del Bienestar (desmantelamiento de los servicios públicos –educación sanidad y servicios sociales-); destrozar Doñana, uno de los pulmones ya no sólo de Andalucía sino de Europa, gracias a la gestión capitalista; e incrementar la brecha digital entre personas físicas y jurídicas.
Compañero, es probable que no hayamos nacido para cambiar el mundo pero podemos contribuir, desde nuestro campo y espacio, en concienciar a los andaluces y andaluzas de la necesidad de incorporar andalucismo en las instituciones. Podemos hacer ver que una Andalucía de oportunidades es posible mediante la denuncia de la desigualdad, la alternativa de la soberanía, y el llamamiento de nuestra tierra como nación.
Así, que no exclamen más que el turismo actual genera riqueza ya que lo único que propone es trabajo precario, deterioro del medio ambiente; y expulsión de los autóctonos de sus barrios diezmando así sus calles de esencia y personalidad, declarando a la gente que todavía vivimos allí de “especie en peligro de extinción”.
Por tanto, si nos dicen que el turismo genera riqueza, ¡TODO ES MENTIRA! Bueno, pensándolo bien, sí que la produce pero, como siempre, para unos pocos.
Compañero ladremos, luego galoparemos…
X la revolución de los desigual3s…






