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Tristeza de amor

Kathy, Tommy y Ruth son tres muchachos que residen en un internado muy británico a los que unen unos lazos emocionales que van creciendo cada día que pasa casi al mismo ritmo que ellos mismos. Los sentimientos afloran irremediablemente y acaban siendo los vértices de un tortuoso triángulo amoroso, y ya se sabe que esas cosas no suelen acabar muy bien.; por otro lado, a medida que vamos observando detalles de la cinta en sus primeros compases nos damos cuenta de que hay algo muy, muy extraño que se oculta como trasfondo y que tiene las vidas de los tres protagonistas más que controlada y decidida. Así van haciéndose adultos y complicándose sus relaciones con el entorno cada vez más…
Cine académico ambientado en épocas anteriores mezclado con la ciencia ficción más actualizada y un toque de polémica moral son el agrio, dulce y salado (arriesgada mezcla) que conforman los ingredientes de una cinta extraña, interesante y cruda sobre emociones, derechos de las personas y evolución.
A una fotografía lograda y una ambientación que roza lo perfecto hay que añadir un gran saber estar fílmico de su director, un Mark Romanek obsesionado con la estética y más conocido por ser uno de los maestros del vídeo musical estadounidense y cuyo nombre figura en el Guiness de los récords por haber rodado el más caro de la historia con Michael y Janet Jackson como protagonistas. El tempo contemplativo del guión, muy del estilo nipón del autor de la obra en la que está basado, llega a extenuar por momentos, y si tenemos en cuenta que el drama más terrible y contenido se apodera de absolutamente todo el metraje (también muy al estilo japonés), aunque lleguemos a disfrutarlo si somos algo masoquistas, acabamos literalmente planchados tras los créditos finales.
Eso sí, la calidad es innegable, y a ello acompañan unas estupendas interpretaciones (justamente nominadísimas todas este pasado curso cinematográfico en yankilandia) encabezadas por Carey Mulligan (Enemigos públicos, Una educación), fantástica y natural a más no poder en su papel, Andrew “cara de lelo” Garfield (próximo actor que dé vida a Spiderman), no tan destacable como las féminas pero a la altura de las circunstancias, y Keira Knightley en su salsa, interpretando un rol bastante secundario pero contundente y poderoso en su ejecución artística.
En resumidas y sinceras cuentas, cine de calidad para público sin prisa ni miedo a la depresión profunda con tendencias suicidas ante lo desolador de la envenenada carga trágica que posee el proyecto. A su lado, el cine de la posguerra se queda en pañales y los melodramas sensiblones son más ridículos si cabe.

Puntuación: 6

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