Se llaman Mohamed El Haouzy, Tawfiq y Mohamed. Estos últimos son los dos niños localizados muertos en aguas del Recinto y Sarchal por la Guardia Civil de Ceuta.
Los tres marroquíes, correctamente identificados por sus familiares y por el Instituto Armado, no han podido ser enterrados todavía en su país.
Sus cuerpos permanecen en neveras debido a que sus expedientes han quedado atrapados en trámites judiciales. Los tres en el Juzgado de Instrucción número 4. Se han convertido en una especie de pelota, todos aseguran haber hecho su trabajo, pero no se da la autorización para llevar a cabo sus traslados.
Los tres cuerpos sin vida continúan en las neveras del depósito a la espera de proceder a su repatriación.
Un trámite que es posible gracias a que se dio con la identificación de los cuerpos, tanto por la presencia de familiares que lograron decir quiénes eran como por el trabajo realizado por la Policía Judicial de la Guardia Civil, traducido en informes que han sido presentados en el juzgado.
Toda la documental de los tres cuerpos fue remitida, pero no se dispone de la autorización judicial para esos traslados a través del paso fronterizo del Tarajal.
Sus familias se han puesto en contacto con El Faro, quieren que los cuerpos sean repatriados a su país para que sus seres queridos puedan velarlos y enterrarlos, despidiéndose así de ellos de la forma digna que desean.
De momento esa posibilidad está vetada. Lo está, desde el 5 de septiembre en el caso de las familias de los dos niños fallecidos -que además tenían parentesco entre sí-. Lo está desde el 9 de septiembre para el caso de Mohamed El Haouzy.
Desesperados, estos familiares piden ayuda para que sus cuerpos sean trasladados a Marruecos. De hecho, un familiar de los dos niños, el caso más dramático de los registrados recientemente en el marco de las muertes asociadas a la inmigración, ha llegado a acudir incluso al juzgado. Incongruentemente, los trámites burocráticos impiden estos deseos, sin que se dé una razón clara de por qué.
El pasado 10 de septiembre, un familiar identificó a Tawfiq y Mohamed. Ambos son originarios de la zona de Beni Said, en las afueras de Oued Laou, provincia de Tetuán (Marruecos). Había fotografías de cómo iban vestidos antes de su marcha, portaban las mismas prendas que el día en el que la Guardia Civil los localizó ya sin vida.
Murieron poco antes de que los agentes dieran con ellos tras una noche de intensa presión migratoria en el mar.
Uno de los dos niños presentaba además varias pecas o lunares característicos en el rostro. Algo que también ha sido significado por el familiar desplazado a la ciudad. Ambos tenían parentesco familiar entre sí.
Mohamed El Haouzy nació en Chaouen y ahora su familia solo piensa en poder repatriar el cadáver para darle sepultura en su tierra, para que su madre pueda velarlo.
Viven en una zona del desierto, cerca de Oued Laou, en Qaa Asras.
Mohamed se hacía cargo de su familia. Su madre, desempleada y sin recursos económicos, afrontaba cuantiosas dificultades para salir adelante. Eso fue lo que llevó al joven a intentar cruzar a Ceuta para llegar después a algún país europeo en donde obtener un trabajo y ayudar a su progenitora y hermanos menores.
Los tres cuerpos siguen en neveras, en el depósito de Ceuta, mientras las familias chocan con otra nueva frontera, en este caso la de la incomprensión y la falta de una explicación clara de por qué no se ejecuta esos traslados.
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