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Tras las huellas de los primeros pobladores

Por Redacción
20/11/2010 - 23:17

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Un grupo de arqueólogos de la Universidad de Cádiz descansa junto a la carretera. Es mediodía, hora del bocata y varios tragos de agua. La mayoría son jóvenes, casi todos con carreras y másteres, pero también preparados para el trabajo de campo con botas de montaña y bastones. Descansan en el suelo o apoyados en los coches, tras horas de rastreo de la zona que bordea la cantera de Benzú. Se nota el cansancio en sus gestos. Llevan días buscando las huellas de los primeros pobladores de un lugar que miles de años después alguien llamó Ceuta. Enfrente, se alcanza a ver la costa andaluza con bastante claridad. Europa parece a poca distancia. A un vistazo. Tan cerca, que pronto los investigadores empiezan a charlar de una posibilidad hasta hace bien poco totalmente descartada por la comunidad científica. ¿Se atrevieron los primeros homínidos que habitaron en el Paleolítico el norte de África a cruzar un paso que, ya en el siglo XXI, el de la alta tecnología, internet y navegación por satélite, se lleva la vida de muchos inmigrantes que tratan de alcanzar una vida mejor en la otra orilla?

“Ahora se ve cerca el otro lado –observa uno de  los arqueólogos, Jesús Toledo–. Pero antes (hace miles de años), hasta estaba más cerca. Hay casos documentados de animales que han conseguido cruzar el mar para llegar a islas.  ¿Cómo no lo iban a conseguir los humanos?”.

Uno de sus colegas, Antonio Cabral, que lleva rato observando con unos prismáticos la costa andaluza mientras sigue con poco interés la conversación, agrega: “En Gibraltar se han encontrado restos de colonias con muchas similitudes (a la del Abrigo de Benzú)”.

¿Y no pudo darse un fenómeno de coincidencia temporal? Es decir, que dos poblados de homínidos sin contactos pudieran llegar en tiempos similares al mismo avance tecnológico. “Es una hipótesis”, admite uno de los jóvenes, Antonio Barrena, estudiante de último año de la carrera de Historia. “Puede ser, sí, pero pasar por lo mismo en dos sitios diferentes que justamente están enfrente es mucha coincidencia”. “Al fin y al cabo”, agrega Cabral, “si existe una técnica de hacer las cosas, alguien tuvo que enseñar esa técnica. Ha tenido que haber algún contacto”.

Mientras hablan estos historiadores, a unos metros, José Ramos y Darío Bernal,  dos de los directores de la campaña de arqueólogos de la Universidad de Cádiz que rastrea estos días Ceuta, se muestran preocupados tratando de explicar todos los detalles de su trabajo y el de sus colegas a una periodista que trabaja para un periódico de difusión nacional. Intentan que la reportera se quede con todos los datos que ellos consideran “importantes”. Los científicos  pretenden promocionar así los avances de la comunidad científica desde que un estudio de la Universidad de Cádiz descubrió en 2001 el Abrigo de Benzú, un refugio que fue habitado por primera vez por antepasados del ser humano hace unos 300.000 años, en el Paleolítico .

Casi en lo alto de la montaña, el espacio tiene unas vistas privilegiadas. Otra vez se ve al fondo Gibraltar. “El sitio es perfecto”, explica el arqueólogo Juan Jesús Cantillo, becado por el Instituto de Estudios Ceutíes. “Desde aquí, tenían una amplia visibilidad, tanto de la costa como de los arroyos donde iban los animales a beber. Muchos dicen que (los homínidos de sociedades paleolíticas) eran carroñeros, pero nosotros creemos que no. Eran listos, tenían una economía mucho más compleja de lo que hasta ahora se pensaba”.

Tan avanzada, agrega, que los pobladores del Abrigo de Benzú formaban “una sociedad cazadora y recolectora que era capaz de vivir también de la explotación de recursos marítimos”. El experto empieza aquí a citar una parte de su tesis doctoral que puede revolucionar los estudios de la Prehistoria. “Hasta ahora, las evidencias más antiguas de explotación marítima a nivel mundial eran de hace unos 200.000 años, de un yacimiento de Niza. Aquí, en Ceuta, hemos encontrado evidencias de mucho antes: unos 280.000 ó 250.000 años antes del tiempo presente”.

El arqueólogo informa de que, tras años de estudios, han localizado en el refugio rastros de “moluscos” de ese periodo que tuvieron que llegar allí por la acción humana. “También, en un nivel datado en hace 150.000 años, hemos encontrado restos de peces”, señala. “Ya son sociedades cazadoras y recolectoras, pero también pescadoras y mariscadoras”. De todas formas, queda mucho por desvelar todavía. El refugio esconde sus misterios. No han aparecido los cuerpos de los antepasados del hombre ni tampoco se sabe mucho del método de pesca. El sentido común de los expertos les hace pensar que esos pobladores de Benzú esperaban a que la marea bajara para atrapar a los peces en las zonas de poca profundidad, pero tampoco se atreven a decirlo con un cuaderno o grabadora delante ya que no cuentan con ninguna evidencia.

A pocos metros de ahí, escondida entre las rocas, aparece la Cueva de Benzú, que fue habitada mucho después, hace unos 7.000 años. “No creo que fuera un lugar donde alguien viviera”, señala el codirector de la campaña Eduardo Vijande. Esa sociedad tendría un poblado. No sabemos dónde está. Tenemos que seguir buscando. Creemos que los pastores empleaban la cueva para refugiarse”. Para seguir con la búsqueda y ampliar los conocimientos de los primeros pobladores, Vijande ha organizado la expedición que rastrea los alrededores de Benzú desde el día 15 al  27 de este mes. “Ya hemos encontrado ocho yacimientos del Paleolítico Medio y  Superior”. Han recogido para analizarlas evidencias del paso de homínidos. Todas ellas son piezas de un misterio que tratan de resolver poco a poco, rastreo a rastreo. Se trata de  nuestro pasado.

Un grupo de arqueólogos de la Universidad de Cádiz descansa junto a la carretera. Es mediodía, hora del bocata y varios tragos de agua. La mayoría son jóvenes, casi todos con carreras y másteres, pero también preparados para el trabajo de campo con botas de montaña y bastones. Descansan en el suelo o apoyados en los coches, tras horas de rastreo de la zona que bordea la cantera de Benzú. Se nota el cansancio en sus gestos. Llevan días buscando las huellas de los primeros pobladores de un lugar que miles de años después alguien llamó Ceuta. Enfrente, se alcanza a ver la costa andaluza con bastante claridad. Europa parece a poca distancia. A un vistazo. Tan cerca, que pronto los investigadores empiezan a charlar de una posibilidad hasta hace bien poco totalmente descartada por la comunidad científica. ¿Se atrevieron los primeros homínidos que habitaron en el Paleolítico el norte de África a cruzar un paso que, ya en el siglo XXI, el de la alta tecnología, internet y navegación por satélite, se lleva la vida de muchos inmigrantes que tratan de alcanzar una vida mejor en la otra orilla? “Ahora se ve cerca el otro lado –observa uno de  los arqueólogos, Jesús Toledo–. Pero antes (hace miles de años), hasta estaba más cerca. Hay casos documentados de animales que han conseguido cruzar el mar para llegar a islas.  ¿Cómo no lo iban a conseguir los humanos?”.Uno de sus colegas, Antonio Cabral, que lleva rato observando con unos prismáticos la costa andaluza mientras sigue con poco interés la conversación, agrega: “En Gibraltar se han encontrado restos de colonias con muchas similitudes (a la del Abrigo de Benzú)”. ¿Y no pudo darse un fenómeno de coincidencia temporal? Es decir, que dos poblados de homínidos sin contactos pudieran llegar en tiempos similares al mismo avance tecnológico. “Es una hipótesis”, admite uno de los jóvenes, Antonio Barrena, estudiante de último año de la carrera de Historia. “Puede ser, sí, pero pasar por lo mismo en dos sitios diferentes que justamente están enfrente es mucha coincidencia”. “Al fin y al cabo”, agrega Cabral, “si existe una técnica de hacer las cosas, alguien tuvo que enseñar esa técnica. Ha tenido que haber algún contacto”. Mientras hablan estos historiadores, a unos metros, José Ramos y Darío Bernal,  dos de los directores de la campaña de arqueólogos de la Universidad de Cádiz que rastrea estos días Ceuta, se muestran preocupados tratando de explicar todos los detalles de su trabajo y el de sus colegas a una periodista que trabaja para un periódico de difusión nacional. Intentan que la reportera se quede con todos los datos que ellos consideran “importantes”. Los científicos  pretenden promocionar así los avances de la comunidad científica desde que un estudio de la Universidad de Cádiz descubrió en 2001 el Abrigo de Benzú, un refugio que fue habitado por primera vez por antepasados del ser humano hace unos 300.000 años, en el Paleolítico . Casi en lo alto de la montaña, el espacio tiene unas vistas privilegiadas. Otra vez se ve al fondo Gibraltar. “El sitio es perfecto”, explica el arqueólogo Juan Jesús Cantillo, becado por el Instituto de Estudios Ceutíes. “Desde aquí, tenían una amplia visibilidad, tanto de la costa como de los arroyos donde iban los animales a beber. Muchos dicen que (los homínidos de sociedades paleolíticas) eran carroñeros, pero nosotros creemos que no. Eran listos, tenían una economía mucho más compleja de lo que hasta ahora se pensaba”.Tan avanzada, agrega, que los pobladores del Abrigo de Benzú formaban “una sociedad cazadora y recolectora que era capaz de vivir también de la explotación de recursos marítimos”. El experto empieza aquí a citar una parte de su tesis doctoral que puede revolucionar los estudios de la Prehistoria. “Hasta ahora, las evidencias más antiguas de explotación marítima a nivel mundial eran de hace unos 200.000 años, de un yacimiento de Niza. Aquí, en Ceuta, hemos encontrado evidencias de mucho antes: unos 280.000 ó 250.000 años antes del tiempo presente”. El arqueólogo informa de que, tras años de estudios, han localizado en el refugio rastros de “moluscos” de ese periodo que tuvieron que llegar allí por la acción humana. “También, en un nivel datado en hace 150.000 años, hemos encontrado restos de peces”, señala. “Ya son sociedades cazadoras y recolectoras, pero también pescadoras y mariscadoras”. De todas formas, queda mucho por desvelar todavía. El refugio esconde sus misterios. No han aparecido los cuerpos de los antepasados del hombre ni tampoco se sabe mucho del método de pesca. El sentido común de los expertos les hace pensar que esos pobladores de Benzú esperaban a que la marea bajara para atrapar a los peces en las zonas de poca profundidad, pero tampoco se atreven a decirlo con un cuaderno o grabadora delante ya que no cuentan con ninguna evidencia.A pocos metros de ahí, escondida entre las rocas, aparece la Cueva de Benzú, que fue habitada mucho después, hace unos 7.000 años. “No creo que fuera un lugar donde alguien viviera”, señala el codirector de la campaña Eduardo Vijande. Esa sociedad tendría un poblado. No sabemos dónde está. Tenemos que seguir buscando. Creemos que los pastores empleaban la cueva para refugiarse”. Para seguir con la búsqueda y ampliar los conocimientos de los primeros pobladores, Vijande ha organizado la expedición que rastrea los alrededores de Benzú desde el día 15 al  27 de este mes. “Ya hemos encontrado ocho yacimientos del Paleolítico Medio y  Superior”. Han recogido para analizarlas evidencias del paso de homínidos. Todas ellas son piezas de un misterio que tratan de resolver poco a poco, rastreo a rastreo. Se trata de  nuestro pasado.

 

El Estrecho, “un puente más que una frontera"

Los expertos de la Universidad de Cádiz trabajan con la hipótesis de que el Estrecho, “más que una frontera”, resultó un “puente” para los homínidos que residían en la zona de Benzú durante el Paleolítico. Según explicó el arqueólogo becado por el Instituto de Estudios Ceutíes Juan Jesús Cantillo, el paso de aquellos días difería mucho al actual. “Hubo momentos en el que el nivel marino era mucho más bajo. También hay que pensar en las glaciaciones”, explicó el experto. “Esto podía parecerse más a un río”.

Durante años, agregó, la “teoría” de la comunidad científica ha sido que el Estrecho de Gibraltar resultó “una frontera natural” para esos primeros pobladores. Sin embargo, tras estudios en las dos orillas, se ha “evidenciado” que coinciden la “industria”  y “materias primas” de la costa del norte de África y la del litoral del sur de Europa. “Las analogías son muy grandes para no tenerlas en cuenta”, explicó el arqueólogo. 

Según su relato, los homínidos que vivían alrededor de la costa ceutí durante el Paleolítico “podían ver fuego de los neandertales de Gibraltar. Por simple curiosidad, podían intentar llegar allí”. El cruce, agregó, podía resultar más sencillo ya que había “islotes” entre ambas orillas. “Hasta con un tronco podían probarlo”, agregó.

No es la primera vez que expertos en Prehistoria defienden esa hipótesis. El investigador catalán José Gibert, ya fallecido, postuló el paso de los homínidos de África a Europa. La idea recibió el rechazo de gran parte de la comunidad científica. “Él iba mucho más lejos que nosotros”, matizó Cantillo. “Gibert decía que el paso de homínidos por el Estrecho ya se daba hace un millón de años, aproximadamente. Nosotros no llegamos a tanto. Con las muestras recogidas en Benzú, trabajamos con la hipótesis de que el salto pudo ser hace 300.000 años”. 

En los últimos años, Luis Gibert, hijo de José Gibert, ha retomado la teoría de su padre, recordó Eduardo Vijande, codirector de la campaña de la Universidad de Cádiz que rastrea estos días el campo exterior de Ceuta en busca de yacimientos. 

De hecho, en el estudio que se puede encontrar colgado en internet y que lleva el título de ‘Penetración de los Homínidos por el Estrecho de Gibraltar’, Gibert y dos de sus colegas  reflexionan  sobre el asunto y concluyen que “los primeros seres humanos ocuparon todo el continente africano al mismo tiempo que salían por diversas vías hacia Eurasia”. 

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