Nos hemos acostumbrado a narrar las muertes de inmigrantes a este lado de la frontera. Vamos por 39 en un año. Este 2025, parece que ‘radiar’ la estadística ha hecho que impacte más. Otros años también hubo tragedias, menos en número, pero igual de terribles.
Las cifras en Ceuta se conocen porque las contamos. Las que suceden en Marruecos se silencian. Esos cuerpos se entierran rápido, ni siquiera muchas familias saben del final de sus propios hijos. Aquí ha habido jornadas en las que se ha visto una hilera de cadáveres en el mar de Marruecos, pero nunca se ha informado de ello.
No, no se trata de habladurías o datos que no han sido contrastados, ni mucho menos. Se trata de imágenes que han sido vistas por ciudadanos de total confianza, extrañados de que nunca se hable de esto. Pues no, no se habla; al revés, se oculta y se calla, evitándose una de las peores realidades vividas en materia migratoria.
Imaginen cuántos fallecidos se han podido producir en este mismo periodo de 2025 al otro lado de la frontera. Ojalá lo supiéramos para forzar una auténtica conciencia social sobre lo que ocurre.
La frontera sur es una frontera sur de Europa. Por eso mismo no puede ser mantenida como una burda trinchera en la que todo vale. El olvido provoca estas situaciones extremas. No se le exige a Marruecos que proteja a sus nacionales, tampoco se le insta a cumplir su debido control de fronteras así como la protección a las personas.
El inmovilismo político es tan asqueroso como despreciable. Convertir Ceuta en una fosa común es lo que nadie quiere, pero se presenta como el camino al que nos enfrentan.







Tú misma, Echarri, escribes que el interés superior del menor se halla en el acogimiento del país al que llega. No, Echarri, no. El interés superior del menor está con su familia, en su casa, con sus amigos de toda la vida, en la escuela a la que asiste, donde se habla su idioma, donde se reza a su dios, donde están enterrados su antepasados, donde se celebran sus fiestas religiosas, locales o sociales, donde está su historia, donde siente el orgullo de pertenecer a esa tierra, donde en las noches oscuras y frías se habla y se cuentan las hazañas de familiares, de personajes locales o de nacionales que son históricos, y todo eso –Echarri– se encuentra en su país de origen, en el país donde ha nacido. En Marruecos, no en cualquier otro país europeo extraño en todo a lo que cuento más arriba. Sé, Echarri, que como de costumbre, no me darás la oportunidad de publicar este comentario, de modo que los lectores de El Faro tengan la oportunidad de conocer la opinión de un vecino suyo. Al menos léelo tú.
Totalmente de acuerdo.
A Marruecos nadie le tose, y tenemos a 10 Km de Europa a un país opresor , donde no existen los derechos humanos y nadie dice nada. Ni manifestaciones, ni caceroladas, ni nada de nada!!!
Porqué será?