Es un no parar. Llegan y se les dice que el CETI está lleno, que no caben más. La solución ofrecida es que duerman fuera. Esto está pasando en Ceuta, normalizándose una situación que llevaba años sin verse y que es de las más graves ocurridas en materia migratoria.
Grave también es que no se haya producido una comparecencia oficial para explicar a la ciudadanía qué está pasando en el centro de estancia temporal y qué plan se va a ejecutar, más allá de confirmarse que habrá salidas a la Península.
La saturación del centro llevó a colocar tiendas. Cuando El Faro adelantó la noticia, fuentes atribuidas a la Delegación del Gobierno por otros medios de comunicación se dedicaron a negar que esa posibilidad fuera factible.
No solo se colocaron carpas sino que se llenaron, obligando a que decenas de personas duerman fuera del CETI, a sus alrededores, porque se les dice que lo hagan.
El problema es gravísimo porque a lo que en un principio eran unas 40 personas, ahora, en cuestión de días alcanza casi los 200, contando los que duermen fuera y los que se han metido en el monte con sus tiendas de campaña.
Un problema de seguridad y salubridad
Los inmigrantes que duermen a la intemperie cuentan a este periódico que conforme llegan se les dice que duerman ahí. Les dan alimento y sábanas, pero pasan frío por las noches.
Empezaron ocupando justo la entrada de acceso al CETI, pero ahora ya alcanzan la curva. Toda una hilera de tiendas y mantas por el suelo es la imagen que aporta este centro controlado por el Gobierno de la Nación que lo tenía como un referente modelo.
Se está dando pie a un problema de seguridad y salubridad. Los jóvenes de distintas nacionalidades que ocupan esta especie de poblado de colchones, mantas, bolsas e incluso tendederos, tienen que protegerse ante posibles robos y peleas.
A eso se añade las condiciones en las que están. Ahora, de momento, no llueve. Pero si no se da un traslado rápido puede surgir un problema sanitario de envergadura.
Ellos se quedan ahí porque se les ha dado esa indicación, a espera de que queden plazas libres en el centro. Mientras, la imagen ofrecida es la antítesis a una gestión migratoria adecuada y responsable.

Alerta a la Policía
Los vecinos de urbanizaciones próximas llaman al 112 cada vez que sienten molestias, sobre todo por los ruidos ocasionados por una población extra que no está en el propio centro.
Temen las fogatas, porque por la noche hace frío en el Jaral y con las sábanas entregadas los inmigrantes manifiestan que no están protegidos.
Algunos se han hecho sus propias tiendas o se tapan con bolsas. Cada vez que el vecindario alerta de la presencia de fuego se gira llamada al 112.
Por parte de la Policía Local, se ha encomendado a la UIR todas las atenciones a esas llamadas. La Policía Nacional también considera este punto como un frente abierto en materia de posibles incidencias.
Una dirección en crisis
Y todo esto sucede cuando nada se sabe del futuro del director Antonio Bautista. Sigue ejerciendo su labor con jornadas maratonianas, conocedor del grave problema enquistado en unas instalaciones bajo su mando que están colapsadas.
De momento el Ministerio no aporta datos sobre un posible cese tras la escandalera por su gestión tras la denuncia presentada por una enfermera. Se cuenta con la versión dada en medios, pero Bautista declinó dar la suya y solo ha encontrado defensa en una carta publicada en este medio.
El Gobierno de España no ha resuelto aún su situación, pero sí que el PSOE local avanzó que no lo quería al frente del CETI.
Bautista afronta un centro saturado, con tiendas como hace años no se habían colocado y, lo peor, con la inestabilidad de una permeabilidad fronteriza traducida en entradas por valla y espigones a diario.







Todos a sus casas. No huyen de nada. No han pasado calamidades y vienen a darse la vida padre sin palos al agua.
Pero para fotitos , medallas y reconocimientos siempre a los mismos, va todo sobre ruedas. Que pena de país y de políticos chupocteros.
Viven así porque quieren, que se queden en su país y verás seguro que no duermen en la calle