La situación en Ceuta alcanza niveles de máxima complejidad y máxima tensión. La presión generada por la llegada masiva de personas se ha trasladado este viernes a los comercios de alimentación de la ciudad, sin distinguir entre zonas ni barrios.
Desde pequeñas tiendas de comestibles hasta establecimientos ubicados en pleno centro, como la calle Jáudenes, han vivido momentos de tensión ante la entrada de numerosos grupos en busca de alimentos y productos básicos.
No se trata de un fenómeno localizado en un punto concreto de la ciudad. La imagen se repite en distintos establecimientos: persianas parcialmente bajadas, controles de acceso improvisados y comerciantes intentando mantener la normalidad en negocios que, en muchos casos, no cuentan con medios para hacer frente a una situación de estas dimensiones.
También se han registrado situaciones similares en otras tiendas y establecimientos en la barriada del Mixto y en Puertas del Campo.
Sin recursos
La llegada de personas que deambulan por las calles, muchas de ellas sin recursos y buscando comida, está poniendo al límite la capacidad de respuesta de una ciudad que carece de infraestructuras suficientes para afrontar una emergencia de esta magnitud.
Los comerciantes trasladan su preocupación ante una situación inédita, en la que la demanda de alimentos se concentra en establecimientos pequeños y supermercados que no disponen de capacidad para atender una presión tan elevada de clientes al mismo tiempo.
La tensión se percibe especialmente en los momentos en los que decenas de personas intentan acceder a la vez a los negocios, obligando a los responsables a organizar las entradas para evitar aglomeraciones y garantizar la seguridad de trabajadores y clientes.
Ceuta afronta así una jornada marcada por la incertidumbre, con una actividad comercial condicionada por una crisis que ha desbordado los recursos disponibles.
Serenidad y unidad
Las organizaciones empresariales ya han reclamado serenidad y unidad ante una situación que está afectando al conjunto del tejido económico de la ciudad.
Mientras las fuerzas de seguridad trabajan para canalizar la situación en las calles, los comerciantes advierten de que la ciudad necesita refuerzos y medios extraordinarios para poder responder a una realidad que, a estas horas, supera cualquier previsión.
Esta tensión no se limita a la comida, un simple móvil con batería llega a enfrentar a grupos de marroquíes para intentar sustraer el teléfono a quien lo tiene con un mínimo de batería. Horas en la calle sin posibilidad de cargarlo motiva un enfrentamiento que llega incluso a los ciudadanos, que se ven involucrados en esta presión migratoria sin quererlo.






