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Solidaridad sí, pero no a cualquier precio

Por Silvia Cazalla
21/08/2026 - 04:25
Imagen de archivo

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Más de 100 personas muertas en el mar por una aglomeración en la frontera sur de Europa, en la Ciudad Autónoma de Ceuta, están siendo protagonistas hoy en nuestro país y, en el mundo. Una tragedia que, según algunos, “invisibilizamos, deshumanizamos y borramos” los ceutíes por reclamar, o mejor dicho suplicar, una vida normal. Más de 100 muertes el día 30 de julio para tacharnos a los ceutíes de xenófobos. ¿Y las anteriores? No recuerdo haber escuchado este discurso con tanta intensidad ni relevancia a estos tertulianos, periodistas y opinólogos desde la Península. ¿Saben por qué? Porque no las conocen, porque nunca han importado.

Disculpen, aún no me he presentado: soy profesora en la Universidad de Granada (Campus Ceuta) y me dedico al patrimonio cultural y natural de mi ciudad; también tengo líneas de investigación sobre perspectiva de género; igualmente soy nadadora en aguas abiertas y, junto con mi madre, ayudo a la recuperación de las tortugas marinas con el CECAM (Centro de Estudios y Conservación de Animales Marinos de Ceuta). Destaco esto de mí por varias cuestiones: ¿han visto ustedes alguna vez una persona inmigrante muerta mientras nadaban? Yo sí. Y duele. Duele hasta partirse el alma, porque el lugar en el que disfruto nadando resultar ser el cementerio más grande de Europa. ¿Les han despertado alguna vez gritos de desesperación de personas ahogándose mientras intentan alcanzar la costa? A mí y a mis vecinos sí. Y lloramos cada pérdida como si fuera nuestra. No, no invisibilizamos, no deshumanizamos ni borramos ninguna de estas muertes; al revés, es nuestro día a día, nuestra pena, desde que nacimos en este pedacito de tierra de 16km2.

Ahora esta pequeña tierra está sufriendo. Mi ciudad llora, como ha llorado siempre, porque al dolor lacerante de las circunstancias se suma el no reconocer nuestra propia ciudad. Como académica no puedo dejar de intentar analizar la situación desde distintas disciplinas que se imparten en mi Universidad: desde una perspectiva matemática, una ciudad de estas dimensiones, ¿tiene espacio y medios suficientes para albergar a tal cantidad de población, duplicada en menos de 48 horas?; en las Facultades de Medicina y de Enfermería ¿no tienen derecho a preocuparse porque han llegado 70.000 personas de las que desconocen su historial clínico? Nuestros estudiantes de Derecho pueden pensar: ¿por qué los ceutíes sí tienen derechos y obligaciones, pero las personas migrantes, aparentemente, solo derechos?; pueden acampar en las playas y montes y encender una hoguera, rajar farolas para cargar sus móviles y coger luz pública, utilizar gel en las duchas de las playas contaminando directamente el mar o pelearse en público con total impunidad. ADE puede realizar un estudio de las pérdidas económicas de aquellos negocios que han tenido que echar la persiana, sea por miedo o simplemente porque la gente no está yendo a sus establecimientos; seguramente los del Grado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte valoran poder correr por un monte sin basura o nadar en un mar limpio, libre de orines y heces humanas. ¿Saben cómo están los fondos marinos? Cubiertos de plástico y basura, lo que ha conllevado que tortugas marinas se ahoguen y mueran sin tener la posibilidad de ser rescatadas, como hasta ahora se venía haciendo; asimismo, las colonias de gaviotas (entre ellas la gaviota de Audouin- especie en peligro de extinción-) han desaparecido de los acantilados donde anidan porque están ocupados. Los colegas de Ciencias Ambientales también deberían estar muy pero que muy preocupados porque costó mucho tiempo y esfuerzo repoblar nuestras costas de la protegida lapa estrellada (Patella ferrugine) y ahora están desapareciendo al ser consumidas (retirarlas es, por cierto, también un delito). E incluso los teólogos podrían tomar cartas en este asunto y traer a colación a figuras como san Pablo o san Agustín, cuyos mensajes pueden resumirse en una popular expresión: “La caridad empieza por uno mismo”, es decir, si tú no estás bien, no puedes cuidar. Y finalizo ya, ¿qué ocurre con la Psicología? Hemos asistido en los últimos años a un auténtico auge de temas relacionados con la salud mental: ¿qué pasa con las personas mayores, con aquellas en riesgo de exclusión social, con las que necesitan atenciones especiales que sienten miedo de salir a la calle y no pueden realizar sus necesarias actividades cotidianas?

Estoy segura de que mis alumnos y alumnas, educadores sociales, están sufriendo por ellas; ¿qué sucede con nuestras fuerzas de seguridad que están desgarrándose por mantener el orden y la estabilidad en las calles?; ¿quién piensa en los niños y niñas que no pueden disfrutar de sus playas y parques?; ahí aludo a la Facultad de Ciencias de la Educación tan presente en Ceuta. ¿Y los trabajadores que merecían un mes de descanso para volver en septiembre con fuerzas y afrontar un duro año más? No puedo olvidarme de las mujeres, que hemos llegado a contar más de 130 hombres desconocidos en el umbral de nuestras puertas. Creo que es lícito –en verdad, inevitable– sentir miedo e inseguridad. Recordarán también los del Grado de Historia que el derecho de pasear solas y sin miedo por la calle, costó mucho conseguirlo.

¿Se nos puede seguir pidiendo a los ceutíes ser solidarios? Sí, siempre lo hemos sido, pero creo que esta vez el precio a pagar es demasiado alto. TODAS y TODOS tenemos vidas, con sus problemas, con sus dificultades y afrontar esta situación, sin medios, sin apoyo, sin ayuda, sin solidaridad hacia los ceutíes, es exigirnos demasiado. Hemos visto escenas que jamás nadie debería ver, estamos teniendo sentimientos –tristeza, frustración, miedo, angustia– que se están perpetuando demasiado: el trauma ya está. Esto no se nos va a olvidar. Y con todo, no dudo de que algunos sí que han podido llegar para buscar una vida mejor, pero ¿lo han conseguido? ¿Esto es tener una vida mejor? ¿Paralizar y empeorar la vida de otras personas para mejorar la propia es lícito?

Sé que el asunto es muy complejo, pero también creo que deberíamos darle una vuelta al concepto de solidaridad, porque una cosa es ser solidario y otra muy distinta es esparcir la miseria.

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