Nada cambia en torno a las muertes de tanta gente desesperada cuyos cuerpos terminan en nuestras playas. Nada cambia porque en verdad interesa a pocos el sufrimiento de quienes no conocen. Qué curioso, la gente es capaz de sufrir con los melodramas de las novelas y ni siquiera atiende el auténtico vacío y la soledad que marca la sangría a la que estamos asistiendo en esta frontera sur. Desaparecen a diario personas, pero nadie mueve un dedo para calmar las llamadas de familiares desesperados pidiendo solamente ayuda. ¿Ustedes pueden imaginarse lo duro que es no saber si tu hijo está vivo o muerto?, ¿saben la cascada de preguntas que se reciben cada vez que las fuerzas de seguridad encuentran un cadáver y al otro lado las familias de los desaparecidos creen que es su hijo? Pero lo grave es que no tienen a quién dirigirse porque nunca en la vida se ha pensado en constituir una pequeña delegación o área que dé algo de dignidad a la cantidad de tropelías que se producen. Por no tener no tenemos ni un recinto mortuorio en el que guardar los cuerpos unas semanas por si sus familias pueden identificarlos antes de ser enterrados. Y ya nos hemos topado con casos de familiares que han aparecido cuando sus seres queridos estaban bajo tierra o en nichos. ¿Sabe lo costoso que es sacar el cuerpo y trasladarlo al país de origen? Si hubiéramos avanzado en algo, hoy tendríamos una sala para garantizar la permanencia de esos cuerpos un tiempo mínimo además de tener una pequeña delegación que se encargara de atender y resolver las dudas de tantas madres desesperadas, tantas familias rotas y tanto sufrimiento concentrado.
Lo que pasa en la frontera sur de Europa -término que queda muy bonito en las crónicas de periódicos y en los informes oficiales- es una aberración. Muere la gente, desaparece bordeando un espigón y a nadie se le ocurre hacer una mínima base de datos actualizada de los desaparecidos que sirva de referencia para constatar la dura realidad que se da en Ceuta.
Por esa absoluta dejación y desprecio hacia lo que nos rodea se producen situaciones esperpénticas como matar a una persona -figuradamente- equivocándose de identidad, como sucedió ayer, cuando la familia de Badr es la que tuvo que salir para decir que su hijo no había aparecido. Errores de bulto porque, ¿saben qué?, pensarán “todos son iguales”. Pues eso.






