Escribo esta carta como madre desde el cansancio y la impotencia. Mi hijo está en seguimiento por Neurología y necesita una cita de revisión ya. Pero llevamos ya tres cancelaciones, cada vez nos dicen una excusa: que si están de vacaciones, que si hay bajas, que no hay hueco… Pero la realidad es que aquí en Ceuta solo hay una neuróloga para todo el hospital.
Nos piden que tengamos paciencia. Pero ¿cómo se le explica eso a un chico de 16 años que no se encuentra bien? A un joven que lleva tiempo empeorando, y en casa ya no sabemos qué hacer con él. No tenemos respuestas, no tenemos opciones, solo estamos esperando, y mientras tanto, él sigue mal.
Conocemos a la doctora Azarkane, que ahora mismo es la única que está trabajando. Nos atendió en otra ocasión y, que conste: no tenemos nada contra ella, al revés, es un sol de persona y una gran profesional. Pero está sola para toda Ceuta y creo que esto no es justo ni para ella ni para los pacientes.
Esta semana, desesperada fui al hospital por si podía hablar con alguien. Estuve esperando en la consulta, pero me dijeron que no estaba porque estaba arriba en planta viendo a los pacientes ingresados. Me puse a dar vueltas por el hospital por si la encontraba. No era la única, vi a varias personas igual que yo, buscándola para hablar con ella directamente porque sentimos que es la única forma de que nos atiendan o que se cambie el tratamiento.
Mi hijo tiene 16 años. A esa edad no debería estar así. Debería estar tranquilo, disfrutando del verano y saliendo con sus amigos, no sintiéndose mal y sin saber por qué.
No escribo esta carta con ánimo de reprochar, sino desde el dolor de una madre que se siente sola y porque esta situación no puede ser normal. Porque no somos la única familia en Ceuta que está así. Y porque detrás de cada cita anulada hay una familia rota esperando algo que no llega.






