Dedicado a Silvia Nogueras en su cumpleaños. A Silvia le gustan mis modestos artículos sobre naturaleza, y he pensado que podría ser un bonito homenaje en su onomástica, por todo el amor fraternal que me sobrecoge y dedica mi noble y querida amiga Silvia. Todas las campañas de buceo técnico presentan vicisitudes y problemas asociados a los pesados trabajos que se desarrollan y a las imprevisibles condiciones con las que se tiene que lidiar. Toda vez que un buceador técnico penetra en la inmensidad azul de los fondos marinos profundos, las posibilidades de que pasen cosas son una gran certeza mientras dure la inmersión. Cuando no es una cuestión del propio equipo de buceo será de los aparatos y las cámaras que llevamos, y sino un simple olvido de algún instrumento necesario, o un repentino cambio de condiciones meteorológicas.
Ciertamente, cuando se tienen que cumplir unos plazos establecidos con un proyecto de investigación, hay que afrontar meteorologías adversas y cansancio a raudales. Pero todo ello, forma parte de los trabajos científicos establecidos y siempre se llevan entre todos con alegría y camaradería. La seguridad de los buzos es lo primero , y los que tienen mayor experiencia, como montañeros submarinos, son siempre aquellos que van a decidir si continuamos con la campaña, o se suspende en beneficio de todos y para poder continuar con el proyecto en mejores condiciones.
A veces, no se pueden cumplir los cometidos estrictamente comprometidos, y con frecuencia, es necesario explicar que las condiciones del oleaje o de la corriente hacía imposibles llevar a cabo el programa establecido. Los lugares que se exploran están seleccionados en función del conocimiento previo que se tiene de ellos. Esta información se obtiene de las cartografías realizadas ex profeso, y también, de información recopilada de otros buceadores técnicos anteriores, y más recientemente, analizando las grabaciones de los vehículos submarinos por control remoto. Estos últimos van equipado con pequeñas cámaras que ofrecen muy buena resolución sobre las generalidades de los fondos, y permite tomar decisiones acerca de la conveniencia de realizar las inmersiones técnicas. Normalmente se analiza mucha información y se desechan la mayor parte de los lugares que se exploran por múltiples motivos: demasiado alejados de la costa para realizar inmersiones complejas; la excesiva corriente; un acceso remoto que complica toda la logística de trabajo, etc. Sin embargo, la lista de lugares interesantes se conserva, para poder establecer un catálogo de importancia objetiva que permita desarrollar proyectos concretos en un futuro. Ciertamente, muchos lugares jamás serán visitados pero al menos nos queda la ilusión de la posibilidad, muchas veces es más edificante que la propia experiencia directa. No es vano que el ser humano se complazca en la realización mental con la imaginación, soñando despiertos sobre lugares remotos y descubrimientos nuevos. Esta forma de estar en la vida científica ahuyenta los fantasmas de la vanidad, disipa los excesos de obligaciones, y procura un sano ejercicio de humildad ante la gigantesca dimensión del territorio marino que jamás podría ser conocido en su totalidad. Ni siquiera el mundo emergido es posible conocerlo en sus detalles íntimos, debido a las limitaciones de las propias ciencias naturales. Todo ello, prepara nuestra alma para aceptar nuestra pequeñez ante la obra de Dios y su maravillosa e inabarcable Creación. Que alegría y gozo me produce doblar las rodillas, y reconocer que muy poco voy a llegar a conocer, todo ha sido una gracia que el Altísimo, ha querido contar con criaturas tan limitadas y veleidosas para que cuiden y se maravillen de la naturaleza.
El trabajo en el mar siempre es salvaje y edificante, nunca defrauda, está lleno de sorpresas y aventuras imprevistas pues en el momento en el que nos sumergimos a determinadas cotas batimétricas, es decir a profundidades por debajo de los 50 metros, todo está prácticamente desconocido para la exploración directa de los científicos. Los encuentros sublimes están en cualquier fondo marino en el que podamos detenernos con cierta parsimonia. A pesar de tener un tiempo de fondo muy limitado, los aparatos reciclados de gases nos permiten mayor margen, pero en estos fondos todo va muy rápido, y se tiene el tiempo justo para tomar las muestras y hacer en total 30 o 40 imágenes entre paisajes detallados y algunos macros de especies interesantes detectadas. De repente, el tiempo se consume, y ya hay que salir del fondo para volver a la superficie de manera escalonada, y concluir las paradas de seguridad en una zona poco somera de la costa. Normalmente se intenta evitar inmersiones pendientes de un cabo, porque los buzos quedan mucho más expuestos a las condiciones variables de las corrientes y a la propia estabilidad del cabo y su fijación en el fondo.
Llegar a un banco de corales profundos es tener un encuentro con la eternidad, algo difícil de explicar y solo se puede experimentar. Para un científico naturalista la eternidad está enmarcada en el conocimiento de la historia adaptativa de estas criaturas, seguir sus pistas a lo largo de la geografía ecológica en la que se desarrollan. Plantear hipótesis sobre su origen y distribución paulatina siguiendo estrategias y patrones muy concretos es una auténtica delicia para la mente y el alma.Cuando las criaturas tienen muchos millones de años de antigüedad, se puede decir que existen desde siempre. En este ámbito, la biología molecular con su impresionante desarrollo puede ayudar estableciendo un patrón de edad, según las mutaciones acumuladas en ciertas regiones del código genético. Las huellas de su historia de vida en el planeta, no solo se pueden observar a través de la interpretación de las singladuras de sus estirpes, sino también según sus modos de sobrevivir a las variables condiciones que experimenta un determinado fondo marino. Islas recientes como El Hierro o La Palma tienen un poderoso paisaje montañoso y enormes acantilados, pero terminarán con el transcurso de los siglos convertidas en islas escasamente escarpadas como son hoy en día las antiguas Lanzarote o Fuerteventura. Pues esto acontece igual bajo la superficie del mar, y todo lo que se va erosionando y transformando en la tierra firme, ayuda a cambiar los paisajes sumergidos bajo la influencia de la dinámica de las costas insulares o continentales.
Al fin y al cabo, una isla puede ser considerada científicamente como un micro-continente en el que se desarrollan ciclos geológicos parecidos a pequeña escala. Los bancos de corales estudiados a lo largo de las costas insulares, o de las continentales, muestran un caleidoscopio de posibilidades ambientales diversas, fuertemente determinadas por la historia evolutiva del propio mar, las influencias sedimentarias y orográficas de la isla emergida, y por las condiciones de las masas de agua. Se trata de arrecifes coralinos vivos que responden a los cambios ecológicos paulatinos de su ambiente. Un arrecife se transfigura a cada pulso cambiante del mar o de su propia isla bajo la plena influencia del cielo y los agentes metereológicos. Es una estructura que construye en distintos niveles y direcciones, creciendo con los tiempos buenos, y decreciendo con los fenómenos devastadores. Son los grandes resilientes de las profundidades penumbrosas, los jardines perennes del Creador que esperan ardientemente la restauración de todo para florecer en brillo y majestad. Las chispas del paraíso divino se atisban cuando estudiamos estos lugares con el amor que nuestro buen Dios ha instaurado en nuestros corazones. Somos plenamente humanos si aprendemos a mirarnos por dentro, y desarrollamos esa mirada bondadosa que busca la belleza y la verdad que nos la explique. Un paisaje sublime de esta categoría solo puede atisbarse en la lejanía del tiempo y el espacio pero jamás explicarse en todos sus componentes. Es un reto cientifico tan elevado, que llena de amor por lo protegido y amparado que está por la fuerza invisible. Escudriñar este conocimiento es misterioso como la vida y entenderlo plenamente algo tan inexpugnable como las murallas de Troya.
Una inmersión por una isla como el Hierro, llena de acantilados y pendientes que caen a plomo, es una poderosa experiencia no apta para cardiacos. Los Roques de Salmor, que son celebrados por albergar a una de las especies del enigmático lagarto herreño, constituyen un buen ejemplo de vertiginosa experiencia sumergida, desde la soleada superficie marina, de la imponente bahía de Frontera, se desciende plácidamente hasta mas de ochenta metros de profundidad. Todo se calma en la profundidad que a pesar del peligro se presenta acogedora y pacífica, llena de arrecifes que capitanean los corales negros seguidos de los bellos candelabros de madréporas anaranjadas, portando sus brillantes pólipos blancos; son las ejemplares de Dendrophyllia ramea. Algunos ejemplares de Stichopathes, corales negros de cotas mas profundas, aparecen tímidamente en Salmor, muchos de ellos están muertos, dando la impresión de haber colapsado debido a cambios térmicos al alza, a mayor profundidad tendrán mejor aspecto gozando del ambiente más fresco que necesitan. El Hierro es junto a La Palma las islas con temperaturas marinas algo mas elevada, por ser más oceánicas y alejadas del continente africano. Y todo ello, puede bien producir que las temperaturas elevadas del verano penetren hasta cierta profundidad en determinados periodos.
Hasta estas cotas se pueden ver mantas paseando sus elegantes siluetas entre las rocas del fondo y enseñoreándose cerca de nosotros para mostrarnos su poderío acuático y curiosidad. Bellos seres angelicales, que vuelan el mar, y lo surcan como aviones poderosos cortando las masas de aguas con sus quillas y velas desplegadas en cruz.
Cuando uno cree que ya ha visto mucho, aparece el Faro de Pechiguera para mostrar que el mar, es siempre mucho más y donde todo recomienza de nuevo, es un auténtico mosaico infinito de posibilidades paisajísticas y naturales. Esta zona mira a Fuerteventura, al estrecho de la Bocaina, que separa las dos islas más longevas de las Canarias. Al comenzar a bajar en la profundidad, aparecen unos jardines extraños de algas pardas que nunca habíamos contemplado, las rocas estaban muy cubiertas por las dos especies típicas de estas cotas batimétricas, pero de repente en las zonas arenosas aparece una especie delicada y sin gran consistencia, los talos se tumban fácilmente con la corriente y desarrolla unos preciosos mechones de pelos para la absorción de nutrientes o tareas reproductivas. Es una criatura extraña, un alga poco convencional y muy elegante que se posiciona en arenales con piedras sueltas y cascajos. Con una pequeña piedrecita o sustrato de naturaleza calcárea tienen suficiente para fijarse y empezar a crecer en la vertical, pueden llegar a alcanzar hasta más de un metro en altura. Pertenecen al genero Sporochnus, y llegan a formar un soto-bosque propio entre los llanos colonizados por los corales negros y las grandes gorgonias látigo. Los bancos de estas gorgonias son bien raros y en esta zona se alternan con los arrecifes colonizados por el coral negro Antipathella wollastoni. El conjunto maravilloso está emplazado en un llano imposible de definir por su inmensidad, es una experiencia sobrecogedora que remarca nuestra enorme insignificancia.
Tantos ejemplares de estas gorgonias reunidas nunca había observado en todas las inmersiones realizadas en Canarias, es un lugar insólito impregnado de colores anaranjados que reflejan las alargadas ramas de estos bellos corales. Tengo ganas de volver al lugar para maravillarme otra vez con este secreto escondido y esta inmensidad apabullante y sobrecogedora.
Una muestra quizá de lo que pudieron ser algunos fondos circalitorales de estas características, de roca y cascajo, con anterioridad al desarrollo pesquero incentivado por el turismo de masas.
Una parte importante estaban impactados y llenos de epibiontes, presumiblemente es un fondo afectado por la pesca artesanal; las rígidas estructuras de estas gorgonias sufren mucho con los enganches y los roces de los artes de pesca.
Se trata de un banco excepcional en su género, que debería protegerse por su rareza y singularidad en cotas accesibles al buceo técnico.






