500 años antes de Cristo, existió, vivió , un ser extraordinario que cada vez es más conocido, tiene más adeptos en el mundo entero, aunque ignorado por muchos durante décadas. Siddharta (“El que alcanza la iluminación”) predicó con la palabra y la acción, con la idea de la verdad, no sufrimiento, el no deseo ni apego a las cosas. Vivía feliz en palacio, junto a sus padres, los suyos, su prometida y el ejército que lo acompañaba.
Se casó muy joven con una bella “butanesa”. Él nació en Bután, pequeño y pacífico país, donde el tiempo parece haberse detenido (en palabras de personas que conozco que han estado allí). Se encuentra al Norte del Tíbet. Siddharta no sabía lo que era el dolor, ni el sufrimiento, ni la vejez; no sabía lo que era la muerte.
Dicen, que cuando nació, se levantó y allá por donde anduvo, iba, creciendo flores. Incluso – y también se dice -, llegó a pronunciar delante de los suyos “palabras sabias” como “yo seré el liberador del sufrimiento de las personas y alcanzaré la iluminación”. Fue un ser extraordinario. (Hay que tener en cuenta que muchas de sus palabras, consejos y semblanzas, fueron “repetidas” por Jesús de Nazareth ).
Su relación con el ambiente que le rodeaba era perfecto, sin problemas, maravilloso, todo iba bien. Cierto día se encontraba con su joven esposa, embarazada, y empezó a escuchar una suave y dulce música que provenía de un instrumento, llamado “citar”, tocado por una bella mujer. Él tuvo una sensación muy agradable que le llevó a pensar que no conocía nada fuera de sus aposentos y quería saber qué había. Se lo comento a su esposa, pero ésta no lo entendió. Le dijo a su padre que iba a salir de palacio, algo que a éste no gustó. Pero queriéndole tanto, aceptó, preparando su salida del lugar donde vivía, con un ejército de hombres que lo portaban a hombros, yendo Siddharta sentado en una especie de trono. La gente lo alababa y aclamaba, arrojándole pétalos de flores. Él estaba muy contento de haber salido del ambiente rutinario.
Acompañado por uno de sus mejores amigos, empezó a ver cosas, incomprensibles para su vista, mente y corazón. Vio a 2 ancianos, semidesnudos y le preguntó a su acompañante quiénes eran y por qué iban vestidos así, respondiéndole aquél que ello significaba “vejez”; “¿qué es la vejez?”, le volvió a preguntar a su amigo. Siguió andando por entre la gente, viendo a ésta tan diferente, que empezó a sentir dolor y sufrimiento, algo que antes no había experimentado. Vio a gente llorando, enferma, quejumbrosa y se preguntaba una y otra vez: “¿por qué?”. Cuando volvió a palacio, decidió que allí no estaba su vida y a pesar de tenerlo todo y a todos, una noche, y sin que su esposa e hijo se dieran cuenta, se despidió de estos, dándoles un beso. Dejó todo. Marcho en busca de la liberación y libertad. Vestía sencillamente, conoció a 5 ascetas que se unieron a él, y digamos que así empezó el Budismo, despojo de todo lo material y búsqueda de la sencillez e iluminación. ( El Buda, “el que ha despertado”).
Anduvo mucho, el pelo le creció muchísimo, se quedó muy delgado al comer lo imprescindible y poco, así como sus acompañantes. De aspecto frágil y delicado, una niña le dio un día algo de comida consistente, pero los 5 ascetas lo vieron comer y lo llamaron “traicionero”. “En el término medio está todo, la verdad”, dijo Siddharta “el príncipe”. Siguió su camino, buscando las bases de una forma de vida, apartada de las ilusiones mundanas y deseos, así como del apego a las cosas materiales. Buscaba la iluminación que le trajo más de un quebradero de cabeza, ya que fue tentado varias veces, en sus sueños o en la realidad, como la “representación” del maligno dios “Mara”. Él superaba todos los obstáculos. Se habla del famoso árbol donde y en posición de loto, alcanzó la quietud, la calma interior, y por lo tanto la ansiada iluminación. Ya en otras ocasiones, allá por donde Siddharta pasaba, los árboles se inclinaban. Antes, experimentó algo extraordinario. Hubo una gran tormenta y lluvia torrenciales ; se encontraba meditando en “su árbol”; ante la vista de varios seguidores, estos vieron cómo una enorme cobra se acercaba y se incorporaba por detrás de él, utilizando su enorme cabeza para cubrir la de Buda. Cuando cesó la lluvia, el animal desapareció.
Ya no iba peinado como antes. Ahora llevaba su larga melena recogida hacia arriba en un moño, imagen que ha trascendido a la Historia y como todos lo recordamos. Siddharta había conseguido la iluminación. Una cantidad de pétalos de flores caían sobre él. Ya sabía de que era todo con todos, era el todo con el cosmos. El Budismo es una “filosofía de vida”, no es religión alguna, pero tiene adeptos por todo el mundo, no sólo en los países orientales. Muchas personas en Occidente han hecho del budismo su forma de vida, lo cual les llena de calma y quietud. Los conocidos actores como Rivard Gere , Nacho Cano ( ex cantante de “Mecano”),en otro tiempo, la actriz Penélope Cruz y otros muchos , han practicado o practican esta “filosofía”. Yo descubrí a Buda hace muchísimos años y lo incorporé a mi vida, lo cual me ha ayudado. Tengo pequeños “budas” en mi casa por todos lados; me dan paz. Cuando esta noche –madrugada del 12 de Agosto, he vuelto a ver en T.V. “El pequeño Buda”, magníficamente interpretado por el actor norteamericano Keanu Reeves (“Matrix”) me he emocionado y más viendo Katmandú, capital de Nepal ( donde he estado) y donde se rodó la mayor parte de la película. Emocionada por recordar lo que hace unos tres meses ocurrió en este precioso país de gente tan noble y buena, y donde por culpa de los terremotos, mucha gente murió y muchos históricos monumentos y monasterios, se destruyeron como el precioso “Templo de los monos”. La película está muy bien conseguida con auténticos actores tibetanos y extras. Buda sufrió, pero nunca tuvo los “avatares” que Jesucristo tuvo que pasar para llegar a ser “El Elegido”, otro “Iluminado”. A mí, desde pequeña y en el “Colegio de las monjas”, siempre nos decían que para llegar al paraíso, “había que escalar muchos peldaños y sufrir mucho”. ¿Esto lo quería realmente Jesucristo? Pienso que no, y además estoy segura de que era “un tipo hasta divertido, bromista y anecdótico, como cualquier ser humano”.
Hace un par de años, quise viajar a Bután, donde nació realmente Buda. Todo estaba organizado, pero al final falló. No sería el momento. ¿Para otra ocasión? Forever, Siddartha.





