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Tras unos lustros sin asiento, Julio de la Rosa (Jerez de la Frontera, 1972) dice haber encontrado un en Madrid su hogar, “por ahora”. Ayer tocó en Málaga y mañana lo hará en Cádiz, donde está presentando esta versión “a pelo” de un disco ya de por sí “desnudo”. ‘Menos es más’, decía Van der Rohe, y todo por equilibrar ese pasado laboral inmediato repleto de bandas sonoras. Tanta música lo ha atorado, con lo que se ha visto obligado a hablar. El fruto de tal verborrea es un conjunto de canciones elaboradas con sencillez desde el balcón de su casa. Así se aprecia desde una ventana indiscreta esa herida universal y eterna.
–¿Cómo le explicaría a alguien que no lo haya escuchado qué es ‘La herida universal’?
–El disco es una especie de caleidoscopio de relaciones personales. Son 16 canciones que desde diferentes puntos de vista tratan sobre ciertas relaciones íntimas, por llamarlo de algún modo. Si hay una herida universal es la del amor. Me refiero al sufrimiento amoroso. Desde luego, no habría hecho el disco si, en vez de herida, hubiera tenido que llamarlo tirita universal.
–¿Cómo es musicalmente ‘La herida universal’?
–Es sencilla, directa. Menos es más. Al final creo que he podido expresar bastante con poco. En realidad, lo hice así a propósito.
–¿Podría explicarse?
–Ha sido una especie de reacción a mi anterior periodo de trabajo, en el que he estado componiendo varias bandas sonoras. Es un género dado a usar más instrumentos, más arreglos, más capas, más efectos. Tanta sofisticación me hizo olvidar qué era una canción, así, una canción a secas. Decidí coger la guitarra, irme al balcón de casa y ponerme a grabar con el ‘minidisc’. De ahí salió entera ‘La herida universal’.
–Un disco de canciones que interpreta tan directas en los conciertos como en el disco.
–Así es. Estuve de gira acompañado de una banda. Y ahora tengo este proyecto más íntimo, podría decir. Iré con una guitarra española y no sé todavía si me llevaré siquiera el pedal. Un concierto a pelo.
–Le gustará tocar en directo.
–Tener un público delante estimula ese lado exhibicionista que se nos asume. Es emocionante. Te aseguro que no son las mismas palpitaciones que se tienen al hacer una banda sonora. Pero supongo que son etapas de la vida. A ratos me apetece tocar en directo y a ratos no.
–¿Cuáles son esos ratos que no?
–Déjame decir que las giras conllevan un ritmo de vida que me da cada vez más pavor. La carretera y la noche. Todo a la vez. Uf.
–Sí, diga.
–Tocar en directo genera mucha adrenalina y después es complicado dormir sin haber tomado antes una cerveza o una copa. Bueno, y la carretera… los accidentes de tráfico son la primera causa de muerte. Es todo una paradoja lo de los coches, ¿sabes? Acabo de grabar la banda sonora para un documental que trata de un modo hilarante lo absurdo de este sistema que gira alrededor del automóvil. Se llama ‘Sobre ruedas’, de Óscar Clemente y los hermanos Brieva, unos artistas maravillosos de Sevilla.
–Compone mucho para cine. Grabó la banda sonora de la última película de Ángeles González-Sinde, antes de que fuera aún ministra. Con lo que ha caído, cualquiera pregona su currículo ahora.
–A mí ese tema me importa muy poco. No sé. Intentaré ser breve. En primer lugar, la ley Sinde no es lo que mucha gente dice que es la ley Sinde. Hay mucha desinformación. Yo no digo que esté bien o mal. Sólo digo que esto es algo que ha venido de pronto y que los diferentes agentes y colectivos implicados están intentando llevarlo a su terreno. Por eso creo que debe regularse.
–Nada es blanco o negro, parece decir.
–Es un asunto que se ha politizado. Veamos. Pongamos el caso: desaparecen las discográficas, esas que se han granjeado con razón la mala fama. De acuerdo. Pues ahí estarán las compañías telefónicas y los portales para sustituirlas, pues lo que no desaparecerán serán los contenidos, la gente demandando música, gente haciéndola y otra gente proporcionándola. El dinero está cambiando de manos. Movistar tiene su una editorial y su propia discográfica. La telefonía se está convirtiendo en el cuarto poder. Y veo necesario regular este mundo recién aparecido.
–Hay quien regularía hasta el amor. El otro día oí decir a alguien que se iría a vivir solo, en una gruta, anacoreta, alejando del mundanal ruido (amoroso).
–Al fin y al cabo somos animales sociales. En mi caso, que paso temporadas solo, puedo asegurarte que la soledad no ayuda a cesar el sufrimiento.
–Ni la soledad ni la quietud. No se puede usted estar quieto.
–No sé. Me cansa no hacer nada. Cuando termino un disco me pongo con una película. Si no, con un librito de poemas. Ahora le estoy poniendo imágenes a ‘La herida mortal’. Quiero recopilarlas y editar un deuvedé con los videoclips de las 16 canciones. Pero no sé cuándo podré terminar. Quizá tenga que dejar alguna con negro completo. (Risas.)





