Ir a misa no está reñido con tocar música. Es más, las eucaristías habitualmente están acompañadas por coros. Amigos del mundo es otro más dentro de esa lista de formaciones que existen. Sin embargo, no son un grupo cualquiera de Ceuta.
Ellos utilizan instrumentos más allá de la clásica guitarra o de la voz y, sobre todo, componen sus propias canciones. Dan rienda suelta a la creatividad al mismo tiempo que acrecientan su fe en dios.
El último propósito con el que nació es, precisamente, la propagación de su mensaje y evangelizar a través de las melodías. Emplean para ello violines, flautas traveseras, batería, guitarras acústicas, bajo, piano violas y un chelo.
Alberto Gadea, párroco de los Remedios entre otros cargos e impulsor de este coro, no sabe concretar el género del coro. Realmente no encuentra una palabra para definirlo. “Nosotros venimos a la misa de las ocho. Nuestra función consiste en transmitir el Evangelio, hablar de Jesús de Nazaret; del mesías y de la religión cristiana”, explica.
La idea original era interpretar música, pero con una vuelta de hoja para darle un aire más juvenil. “Esto se ha convertido en otra cosa. No se trata ya de hacer una celebración bonita ni de juntarnos para cantar. Nos sentimos de algún modo nos sentimos con esa misión de divulgar”, cuenta.
Los pasos a seguir siempre son los mismos a la hora de actuar en directo. Entrada, ‘Ten piedad’, Gloria, Salmo, Aleluya o en su defecto el versículo del Evangelio, ofertorio, ‘Santo padre nuestro’, ‘Cordero de dios’, comunión y salida. “También escogemos muchas piezas del grupo Hakuna”, indica.
“Existe en las eucaristías una parte que se llama liturgia. Su finalidad es hacer presente de forma real, inmediata y concreta a Jesucristo en la ceremonia. Lo que permite es embellecerlo”, expresa.
Llegan al punto de encuentro, al templo. Allí momentos previos a salir calientan motores y luego se lanzan a entonar música. No solo siguen un programa fijo como tal. Se dan licencias creativas con grabaciones de estudio de sus propias canciones o con su publicación en plataformas digitales como YouTube o Spotify.
Gadea considera que este salto hacia la pantalla online es otro vehículo para acometer su objetivo. Así, ya llevan unos meses presentes en estos lares digitales. ‘Te encontré’, ‘Anunciamos la esperanza’ o ‘Busca’ son algunas de las letras que pueden encontrarse en ellos.
El repertorio es variado. Usan piezas creadas de forma previa u otras que son producidas en un momento más reciente. Gadea tiene experiencia en este campo y en sus más de dos décadas en la música de este estilo asegura que cuenta con más de 80 escritas.
Aunque pueda parecer novedoso, en realidad, la raíz de este coro tiene ya su bagaje. Surgió en los años 70 producto del concilio del Vaticano II, momento en el que florecen muchos grupos de este tipo.
“Alcanza en Ceuta su quinta edición. Ha tenido otras anteriores. Salió entre los agustinos del seminario en esa época”, cuenta Gadea. “Ellos ya tienen setenta y pico de años. Lo hicieron cuando eran jóvenes, claro”, detalla.
“Ellos compusieron y algunas de sus melodías las seguimos tocando. Son antiguas. Incluso las tenemos recogidas en el cancionero de la parroquia”, manifiesta. La segunda llegó en los ochenta.
El concepto de esta formación que gira en torno a la música cristiana también fue testigo del cambio a los 2000. Fue cuando se renovó por tercera vez de la mano del sacerdote que actualmente se hace cargo de la actual, la quinta.
“Es cuando entré al seminario. La cuarta ya fue cuando estuve destinado Madrid con el grupo de jóvenes de allí. Grabamos un CD e incluso hicimos algunos recitales en las diferentes casas de las comunidades de agustinos de España”, comenta.
“Vinimos aquí en dos de esas ocasiones. También pasamos por Sevilla o Santander, entre otras. Ahora estamos en la siguiente, que ha emergido hace unos dos años y medio aproximadamente”, menciona.
Esta vez han pisado un estudio para dejar constancia de su música y perpetuarla en el tiempo. Han acudido para ello al local localizado en Málaga del caballa Sergio Muela. “Lo conocimos y fuimos hasta allí”, destaca.
Actualmente continúan en su labor de generar composiciones. “Andrea, está en ello junto a Alberto de la Vega, que es guitarrista. Las ‘mellis’, así las llamamos, Cristina y María Pérez, están en cuarto de la ESO en el centro y están con algún tema. Les he dicho que hagan, por ejemplo, una sevillana agustiniana que es muy original y diferente”, cuenta.
Recuerda también a Berta, Ramón, Ismael, Pedro o Luis. Sonríe al rememorarlos. Son, entre todos, veinticinco miembros en total de distintas edades. Cada uno, con su historia y su día a día, se reúnen en esas misas para compartir una cuestión común: su fe a través de la música.
Todos se han adosado al coro en un punto u otro. “Hay algunos que son antiguos del cole. Otros de la parroquia. Otros hemos contacto con ellos a lo largo de estos dos años”, apunta.
Ismael fue uno de ellos. Se topó con él a través de un contacto personal e incluso tenía planteado contratarlo como tal. Probó un día, le gustó y decidió quedarse hasta día de hoy.
Entre blancas, corcheas, toques y voces se refuerzan sus lazos, pero, sobre todo, crece su fe hacia dios.
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