Un amante del deporte. Así se define Sergio Mena, quien siempre ha estado dispuesto a conocer el mundo deportivo y quien, al encontrarse con el voleibol, descubrió una disciplina que acabó convirtiéndose en su estilo de vida.
Desde pequeño, Mena tuvo contacto con el deporte gracias a su tío “que nos llevaba a mi prima y a mí a verlo de jugar en el Ángulo o a correr”. A partir de ese momento, “me picó el gusanillo” y comenzó a practicar atletismo, además de fútbol.
Pero Mena demostraba no tener límites en cuanto al deporte y siempre quería seguir aprendiendo más, por lo que “cuando salía algún curso de natación o de windsurf, de lo que fuera, me apuntaba”.
Una juventud ligada al fútbol
Aún así, pasó gran parte de su infancia y su juventud ligado al fútbol, “jugando torneos de fútbol sala, además de campeonatos de España”, llegando incluso a competir en Liga Nacional.
Los valores que Mena ha ido obteniendo a lo largo de su vida son, sobre todo, de su época como futbolista. Una experiencia que “es muy bonita” y en la que “tuve la suerte de rodearme con entrenadores que eran educadores”.
Su primer contacto con el vóley
Mena decidió estudiar Magisterio. Durante esa época realizaba “cursillos para coger puntos para las oposiciones” y fue ahí donde conoció el voleibol. Desde ese momento “comencé a practicarlo con mis amigos. Nos íbamos a la obra, pedíamos las redes naranjas y con los palos de PVC montábamos una pista”.
Cuando comenzó a adentrarse en esta disciplina, “conocí al presidente, José Domingo, y decidí hacer el nivel 1 de entrenador”. Sería poco después cuando “el presidente me dijo que si quería estar de coordinador y mover un poco más el tema del vóley para ver si podíamos recuperar un poco lo que había”.
Muchos años de duro trabajo, pero que fueron gratificantes, ya que “se recuperó”, porque “estaba rodeado de gente a la que le gustaba esto”. Para él, “era más que una competición”. Bajo sus directrices han estado muchos jugadores que, finalmente, “han pasado a ser entrenadores”.
Durante ese tiempo, “se hizo una liga y, para ser un deporte minoritario, empezamos a darle vida y vista a todos los niños”. Aún así, “era muy difícil competir con otros deportes”. Sin embargo, “se sacó un buen número de niños. Se hizo muchos torneos, pero no pudimos progresar mucho por los horarios de los campos”.
Nunca con un lugar fijo
En sus comienzos, “contábamos con más campos”, pero “luego comenzaron a montar el chiringuito y nos mandaron a la Ribera”. Cuando parecía que ya tenían su lugar, “volvieron a montar otro chiringuito y otra vez estábamos de vuelta en el Chorrillo”.

A pesar de los constantes cambios, “tuvieron un gran detalle con nosotros porque buscaron dónde poder ubicarnos en la Ribera, pero tuvimos la mala suerte de que montaron lo de vela”.
De esta forma, la Federación de Vóley de Ceuta “nunca ha tenido un lugar fijo”. A eso hay que sumarle otras inquietudes que no permite a este deporte avanzar como le gustaría, pues “a la Ciudad le falta ese pasito, que creo que puede darlo, para que en vez de ser un deporte minoritario, que aparezca Ceuta también en el vóley”.
Tras varios años a cargo de la federación, Mena decidió dejarlo. Aún así, no quiso desligarse de la disciplina y “sigo quedando con mis amigos los fines de semana”.
Descubrir el voleibol

Fue cuando estudiaba Magisterio cuando Mena conoció el voleibol. Una disciplina de la que se enganchó rápidamente, sobre todo “por la rapidez a la que se juega y por el compañerismo”.
Sus inicios fueron en pista, pero “cuando conocí la modalidad de playa me gustó todavía más”.
Poco a poco comenzó a formar una carrera deportiva de la mano del vóley, llegando a convertirse en presidente de la federación de Ceuta, pero tiempo antes había sido el coordinador junto a José Domingo, quien “había sido uno de los jugadores que había competido en la Liga de Andalucía”.

Cerca de nueve años estuvo Mena en la presidencia, dirigiendo una federación que había avanzado a pasos agigantados, pero a la que “siempre ponían la zancadilla”. Tras muchos tiempo de lucha, “necesitaba descansar”, por lo que “decidí apartarme para que llegara alguien con mucha más energía”.
Durante ese tiempo, el vóley “se mantuvo”, pero “con la llegada de Aaron se le está empezando a dar otro empujón”.
Un estilo de vida

Cuando Mena conoció el voleibol, no pensaba que este deporte iba convertirse en su estilo de vida. “Yo era un enfermo del deporte en general. Estaba en fútbol, pero también en atletismo. En cualquier carrera me apuntaba”, señala.
Pero fue cuando descubrió el vóley cuando “decidí apartarme un poco de lo demás y dedicarme solamente a esto”. Después de tantos años ligado a este deporte, Mena tiene claro que le gustaría “poder seguir jugando a esto muchísimos años más”.
Y es que para él, si por algo destaca el voleibol es “por el compañerismo”, ya que “al ser un deporte minoritario, aunque estés jugando contra otro equipo, los conoces e incluso son amigos porque luego vienes con ellos a la playa a entrenar”.
Del mismo modo, Mena reconoce que “gente de fuera, se une a nosotros porque saben que hay voleibol. Es gratificante poder decir que la ciudad de Ceuta tiene vóley”.
Volver a jugar

Hace poco, Mena fue intervenido de una rodilla, por lo que, por ahora, no podrá disfrutar del voleibol: “En verano me voy a calmar un poquito porque aún es reciente, pero en septiembre u octubre espero poder estar dando saltos”.





