Julián Domínguez, responsable del servicio de Salud Pública y Prevención del Hospital Universitario, comentó que la sugerencia no debe levantar alarmas. “Se trata de una vieja recomendación de las autoridades sanitarias. Son pescados que pueden contener en su organismo concentraciones de metales pesados que pueden provocar distintos tipos de anomalías en el desarrollos de los órganos cognitivos de los fetos y de los niños”.
Atún rojo -no blanco-, pez espada, lucio y tiburón son especies de gran tamaño y longevidad, lo que les permite ir acumulando en sus grasas altas cantidades de mercurio. La ingesta en altas cantidades de su carne puede provocar enfermedades de distinto tipo, siendo más delicado en individuos en estado de formación. De ahí la instancia a mujeres en estado de gestación, de lactancia o niños hasta los 30 meses.
“El pescado azul ha sido siempre un alimento controvertido”, explica Domínguez. “En las décadas de 1940 y 1950 se recomendaba su consumo por el alto contenido calórico. Más tarde se descubrió que, dado que contenía una alta concentración de proteínas, dejó de sugerirse para evitar contraer las enfermedades derivadas de un alto ácido úrico. Últimamente, tras el hallazgo de la importancia de los ácidos grasos omega 3 volvió a recomendarse su consumo”, explica y concluye con el consejo valioso del sentido común. “Lo importante, al fin y al cabo, es seguir una dieta equilibrada”.
Derivado de la contaminación medioambiental, los peces acumulan mercurio en su organismo a lo largo de su vida, ocurriendo especialmente en especies de gran tamaño. El hecho de que suelen ser migratorios, hace que no se pueda excluir los pescados de las aguas menos contamintes.
El metal pesado de la cabeza de las gambas
La recomendación de la Aesan no se limitó a la precaución de la ingestión de alimentos que puedan contener mercurio. Hay otros metales pesados, como el cadmio, que se acumula en las vísceras de las cabezas de ciertas especies de marisco, como la gamba, las cigalas o los carabineros, informaba el Aesan. El cadmio se acumula en el hígado y el riñón de los humanos, pudiendo provocar patologías.





