Han expulsado a mi hijo por un desajuste en su tratamiento psiquiátrico. ¿Y cómo no va a desajustarse si en Ceuta no hay ni un psiquiatra infantil que pueda atenderle?
Soy una madre ceutí que hoy escribe porque ya no sabe a quién más recurrir.
Mi hijo ha sido expulsado del instituto por comportamientos que no son más que el reflejo de una realidad que llevamos años soportando: mi hijo tiene un tratamiento que necesita revisiones médicas en atención en salud mental que aquí nadie puede hacer, porque los responsables del Ingesa de Ceuta no disponen ni de un psiquiatra infantil, ni de un neurólogo, ni de una unidad especializada que atienda a nuestros niños como merecen.
Mi hijo no está estable porque no existe un profesional que revise su medicación. Y, aun así, el sistema educativo lo señala, lo castiga y lo aparta, como si él hubiese decidido estar así.
Y necesito que la gente lo entienda desde el corazón: mi hijo no es un problema.
Mi hijo tiene una condición que lo va a acompañar toda la vida y él no tiene culpa de nada. No puede mejorar solo. Necesita apoyo, seguimiento, cuidados… y en Ceuta no los tiene.
Y entonces me pregunto cada día:
¿Qué hace una madre cuando su hijo está mal y en su ciudad no existe ningún especialista para ayudarle?
¿Dónde voy? ¿A quién llamo? ¿Cómo se supone que lo saco adelante sola?
Lo que siento es una mezcla de impotencia, tristeza y una profunda injusticia.
El sistema me exige que mi hijo cumpla, que se comporte, que se adapte… pero, ¿cómo va a hacerlo si nadie cuida de su salud mental?
Lo expulsan, pero no le dan la atención sanitaria que necesita.
Eso no es educar.
Eso no es proteger.
Eso no es cuidar a un niño.
Se habla mucho de convivencia, de normas, de disciplina. Pero yo quiero preguntar algo muy sencillo:
¿Dónde están las obligaciones del Ingesa?
¿Quién obliga al sistema sanitario a no darle la espalda a nuestros hijos?
Porque mi hijo no ha fallado.
Ha fallado el Ingesa. Ha fallado Ceuta. Ha fallado un sistema que abandona a los que más necesitan ayuda.
Hoy escribo porque estoy cansada de sentirme sola.
Porque mi hijo merece una vida digna, merece estabilidad, merece tratamiento.
Y porque esto no sólo nos pasa a nosotros: le está pasando a muchas familias que ya no saben a quién pedir ayuda.
Exijo que el Ingesa dé una respuesta.
Exijo que se nos escuche.
Exijo que nuestros hijos tengan la atención sanitaria que cualquier niño de España tiene.
Porque una expulsión no soluciona nada.
Pero tener especialistas sí podría cambiarlo todo.
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