Llegamos a la temporada de playa y los usuarios protestan con razón. Volvemos a cometer el error de llegar prácticamente justos o mal. No hay defensa, tampoco justificación, las cosas se hacen de manera torpe y las consecuencias las pagan quienes gustan de pasar el día en cualquiera de los arenales que ofrece Ceuta.
Si por un lado se vende, se invierte y se anuncia una campaña turística de envergadura, no podemos caer en el error de ofrecer unas playas que no se ajustan a las que históricamente tuvo Ceuta.
Hay situaciones extremas como las denunciadas estos días en el Tarajal y en Benítez; Calamocarro no se queda atrás y en otras céntricas como la propia Ribera o el Chorrillo, los comentarios tampoco se ajustan al modelo de playa que debería estar luciéndose.
Al ciudadano hay que hacerle caso. Un político de verdad es el que se baja al fango, habla con la gente, comprueba que lo denunciado se ajusta a la verdad y lucha por remediarlo.
Lo demás son excusas, informes y razonamientos técnicos más propios de la charlatanería que de la deuda que se debe saldar con aquellos a los que después se reclama el voto.
Las imágenes que los usuarios de la playa del Tarajal aportan rozan la indecencia. No pueden ser pasadas por alto, tampoco las que se facilitan desde otros puntos. Mirar hacia otro, no reaccionar ni responder es el símbolo del mayor desprecio y de la altanería impropia de quienes están llamados a ser los gestores del pueblo, nada más.
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