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El Sagrado Corazón y el Juan XXIII vuelven a las antiguas aulas

Alumnos de promociones anteriores se reencuentran en un acto de convivencia

Ya no es lo que era. Su memoria les ha hecho ver sin cortapisas cómo ha cambiado todo. Ellos ya tampoco son niños, pero, entre los objetos que han expuesto para la ocasión, han reconocido cómo eran en antaño. Los antiguos alumnos del Sagrado Corazón y del Juan XXIII de Ceuta se han reunido en el colegio San Daniel para recordar viejos tiempos.

Una comida, una muestra de antiguo material escolar y un acto han conformado este encuentro que ha despertado la nostalgia encerrada en esas aulas ya lejanas. Sin mucho esfuerzo se han identificado unos y otros. Abrazos y saludos que han estado colmados de alegría por verse.

Pertenecían a cursos escolares diferentes. Son hombres y mujeres formados con sus vidas asentadas que han decidido ahondar en su infancia. Junto a ellos han estado algunos de los docentes que los acompañaron en su travesía.

Convivencia

Como si no hubieran transcurrido en ellos los años, han charlado como quien lo hace a diario. Los invitados han permanecido en la zona de patio al llegar. Han entablado conversación, se han preguntado cómo les va y, sobre todo, han sacado a flote algunas de las vivencias por las que pasaron.

Han despertado parte de ese pasado las escuadras, libretas, blocs de dibujo y otras piezas que han exhibido para la ocasión. Bajo el título de museo, una mesa ha sido dedicada de lleno a todos esos apoyos que estuvieron con ellos en clase.

La fisionomía de las aulas se ha transformado al completo. Ya no cuelgan esos mapas de España de papel que se plegaban, tampoco hay crucifijos o globos terráqueos. Lo digital sustituye cada vez más al papel y pocos enseres quedan ya como los que utilizaron para nutrir sus mentes.

El cambio

José Manuel Jiménez tiene tras sus espaldas cuarenta años en el centro Juan XIII. Fue testigo de numerosas horas de lecciones, de buenos momentos y de del cambio de una instalación a otra.

Hace siete años le dijo adiós a la enseñanza para darle la bienvenida a su periodo de jubilación. A pesar de que ya ha transcurrido tiempo, aguarda a buen recaudo todo el trayecto que le regaló su profesión.

“Era profesor. Estuve dos décadas con ellos en mi colegio preferido, que era Juan XXIII. Más tarde, por circunstancias, se tuvo que crear este centro para venir aquí. Pasé otras dos más”, ha explicado. “Soy el más joven de los más viejos. Fui el último en jubilarme”, ha bromeado.

Duro golpe

“Es una alegría tremenda encontrarme con antiguos alumnos y con todos mis compañeros”, ha detallado. A pesar de todas las emociones positivas que le evoca este almuerzo, tampoco esconde las negativas.

El traspaso de las aulas de un edificio a las de otro fue un duro golpe para él. “Al principio lo pasamos muy mal. Solo los socios de la cooperativa sabemos el sacrificio que tuvimos que hacer para sacar adelante el proyecto”, ha mencionado. “Ya no era lo mismo. me faltaba mi familia. Después de tanto juntos, teníamos unos lazos fuertes”, ha confesado.

“Entró gente nueva y traté de hacer amistad, pero no es lo mismo ni compartíamos la forma de pensar”, ha destacado. Una de esas personas fundamentales en su recorrido fue la antigua directora del centro. Al verla entrar al recinto, no ha podido evitar dejar la conversación e irse para saludarla. “Ha sido un referente en mi vida”, ha manifestado antes de alejarse.

Conexión intergeneracional

Puede que por capricho o por destino de algún modo se han entrelazado los caminos de estos estudiantes. Melani Lladó ya no es parte de las aulas, pero su hijo sí que cursa sus estudios en las de San Daniel.

De hecho, en su clase está la descendiente de una de sus antiguas compañeras. Lo más curioso de esta historia es que, la madre de la segunda, Alicia, imparte clases a los dos. Una conexión intergeneracional más propia de un guion que de un hecho probado.

“Tengo aquí a mi niño, por eso tengo contacto con Alicia, que es docente. Estuvo conmigo desde parvulitos hasta el final. Es bonito contar con eso”, ha recomendado. Ha retrocedido su mirada al pasado y ha recordado cómo las puertas siempre se quedaban atascadas. “Don José las tenía que abrir. Siempre lo conseguía”, ha apuntado.

Juan José Serrano fue uno de los estudiantes que compartió esa etapa con ella. “Siento nostalgia. Recuerdo las experiencias. Me acuerdo de esa vez que el colegio se inundó. Los más mayores tuvimos que sacar a los pequeños”, ha concretado.

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