Un día para recordar. Así se anuncia el esperado encuentro de antiguos alumnos de los colegios Juan XXIII y Sagrado Corazón, dos centros que marcaron generaciones en nuestra ciudad y que, con el paso del tiempo, dieron lugar al actual Colegio San Daniel. El próximo sábado 4 de octubre, a las 13:00 h, los pasillos de San Daniel volverán a llenarse de risas, abrazos y memorias compartidas.
Este evento no será solo un almuerzo ni una reunión ocasional. Se trata de una oportunidad única para revivir momentos, reencontrarse con antiguos compañeros y profesores, y sobre todo, para rendir homenaje a una historia común que sigue viva en cada recuerdo.
Los organizadores han cuidado cada detalle para que el reencuentro sea, más que un evento, una experiencia emocional. Desde el primer instante, se sentirá el calor de la familia educativa que formaron estos dos centros, cuyos lazos hoy perduran más allá del tiempo.
Hermanamiento de memorias
La unión entre Juan XXIII y Sagrado Corazón no fue solo una fusión administrativa. Fue el nacimiento de un nuevo hogar: el Colegio San Daniel, que recoge el legado de ambos y lo proyecta al futuro. Este encuentro es un gesto simbólico de hermanamiento, en el que se cruzarán caminos que en su día ya compartieron pupitres, patios y anécdotas imborrables.
La cita contará con la presencia de maestros y maestras que dejaron huella en sus alumnos. Profesionales que, más allá de enseñar, educaron con vocación, ternura y dedicación. Muchos de ellos estarán allí para compartir una emotiva ceremonia de recuerdos, donde el tiempo se detendrá para aplaudir la huella que han dejado en cientos de corazones.
Además, el evento incluirá un photocall y una galería de fotos que recopila momentos de aquellos años escolares. Desde las excursiones hasta los festivales navideños, pasando por las clases, los recreos y las historias de amistad que nacieron entre pupitres.
Un almuerzo para los sentidos y el corazón
Tras la bienvenida y la ceremonia, los asistentes podrán disfrutar de un almuerzo variado y lleno de sabor. El menú incluye paella, pinchitos de pollo y ternera, y especialidades como brewas y pastelas, además de montaditos, mini tacos y una cuidada mesa dulce temática. Todo acompañado de una barra libre de refrescos, cerveza y vino para brindar por los buenos tiempos.

Pero la fiesta no termina ahí. Habrá sorteos, regalitos y música para todos los gustos, con una selección pensada para bailar, reír y recordar. Porque la memoria también se celebra con alegría, con ritmo y con el corazón abierto.
El objetivo no es otro que volver a sentirse alumnos, aunque solo sea por un día. Dejar atrás la rutina, el calendario y el paso de los años, para volver a ser aquellos niños y niñas que corrían por los pasillos, soñaban en clase y construían amistades que hoy siguen siendo tesoros.
Inscripción abierta: una cita con el pasado
Para participar en este reencuentro, es necesario inscribirse antes del 1 de octubre. El precio por persona es de 35 euros, que puede abonarse mediante ingreso en cuenta bancaria o directamente en la Secretaría del Colegio San Daniel. En el concepto, se debe indicar el nombre completo y el colegio de procedencia, y si se asiste con acompañante, añadir "+ Invitado".
Desde la organización se recuerda que las plazas son limitadas, y se anima a los antiguos alumnos a no dejar pasar esta oportunidad de reencontrarse, de cerrar círculos y abrir nuevos capítulos de amistad.
Para cualquier duda, se puede contactar directamente con Alicia, una de las organizadoras, al teléfono 630 861 548.
Volver al lugar donde empezó todo
En un mundo cada vez más acelerado, detenerse para mirar atrás con cariño es un acto de valentía. Este encuentro es un regreso simbólico a las raíces, a los momentos que nos formaron y nos hicieron quienes somos hoy. Es también una manera de decir: Gracias por aquellos años.
Así, el 4 de octubre, el Colegio San Daniel será mucho más que un centro educativo. Se convertirá en un refugio de emociones, en un escenario de abrazos que llevan años esperando y en una fiesta de la memoria compartida. Porque hay lugares que, aunque cambien de nombre, siguen siendo hogar.






