Si no eres consciente, si pasan los años y ves a tu alrededor todas las gentes con las que compartes tu vida: compañeros, amigos, alumnos, camaradas del partido, personas que te llaman para cualquier asunto, vecinos, familia... Pero pasan los años, cambian las circunstancias y dejaron de necesitarte, ignoran tu existencia que ya no es útil y que ya no harás falta para pedirte lo que ya le habías dado.
Y un día, te miras las manos, sentirás el dolor en el alma y comprenderás, como la luz de un rayo en una tormenta de realidad, que has sido utilizado como cosa, como un medio para sus fines, como un pañuelo enmoquecido que será depositado en cualquier papelera de un jardín oscuro de flores.
Y verás alejarse los vampiros sanguinolentos de tu sangre, sentirás la herida de las alimañas que anidaron en tus brazos e incrustaron su veneno en la piel hasta que te quedó un aliento de vida.
Las serpientes se prepararán para el festín mientras los buitres esperan su oportunidad.
Eres la presa de leones hambrientos, de perros lobo en la luna llena, de arañas que Tejerán su tela haciéndote creer que duermes en sábanas de hilo.
Y cuando sepan que eres una cosa que piensa, que siente, que llora el engaño, será demasiado tarde para reivindicarte.
No te devolverán nada porque serás una nada inservible.
Aun así, cuando el cielo caiga a tus pies, te reivindicarás, levantarás tu bandera, volverás a recuperarte y regresarte a ti mismo. Volverás a ser la persona que creíste y, entonces, las víboras no pisarán tu puerta.






