Con el tema de las devoluciones en caliente no se pueden hacer juegos políticos, que es en lo que ha incurrido Pablo Iglesias. El vicepresidente segundo del Gobierno manifestó ayer que no se van a llevar a cabo porque respetan los derechos humanos, a pesar del contenido de la sentencia del TEDH. Pablo Iglesias tendría que tener menos descaro para mentir, porque es lo que hizo ayer, faltar a la verdad al negar que se vayan a realizar devoluciones en caliente cuando las mismas ya se han llevado a cabo bajo su propio Gobierno. Sí, fueron dos y tuvieron lugar en la madrugada del 19 de enero de este año en Ceuta. Iglesias ha preferido obviarlas porque ni siquiera las condenó, cosa que sí hizo Podemos Ceuta. Esa es la diferencia cuando se llega al poder, que se estila un juego hipócrita como el que mantiene el colíder del Gobierno de coalición en el que ni los propios coaligados se aclaran. Iglesias, con su postura, con su silencio, apoyó las devoluciones en caliente en la frontera de Ceuta. Las mismas que ahora dice que no se llevarán a cabo, poniendo en boca incluso del ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, valoraciones que ni él mismo ha realizado. Mal vamos si este es el sendero de un Gobierno que tiene que tener claros cuáles son sus pasos y no jugar con algo de tanto relieve como estas prácticas.







No sé de qué se sorprenden. Una cosa es predicar, y otra muy distinta dar trigo.