Al entrar en una librería me gusta desaparecerme en los títulos, son la primera carta de presentación al lector. Te invitan a pararte, a otear la sinopsis de la historia, buscar la dedicatoria, oler las páginas que esperan unos ojos ávidos de lectura y saber que no puedes dejar pasar ese flechazo.
Dos títulos me llamaron la atención cuando paseaba por las estanterías con las últimas publicaciones:
"De la ridícula idea de no volver a verte" y "El olvido que seremos".
Hoy lo de menos son esas obras o sus escritores: Rosa Montero y Hector Abad Faciolince; pero gracias a ellos pude desatarme de ese nudo en la garganta que te bloquea sin encontrar salida en el callejón de emociones en el que permaneces atrapado.
"Paco ha muerto". La noticia la recibí por WhatsApp y en una llamada de teléfono en el mismo instante, con una sincronización de causalidades irremediables. Los umbrales de las emociones dejan de funcionar como un mecanismo de defensa, como un paliativo para mitigar el dolor de una herida abierta.
Nuestro amigo de tantos años, el hombre bueno, el compañero de charlas sobre cualquier asunto, la persona tranquila que intentaba mediar en los conflictos. Luchador silencioso comprometido con la justicia y la equidad cuando razonaba sus posiciones.
Su mujer me decía: ¡Carlos, en septiembre nos jubilamos los tres! No te lo pienses.
La frase latina "memento mori" (recuerda que morirás) la llevamos en el destino, sabemos que sucederá aunque no asumimos que realmente pasará en un instante, en un segundo, sin avisar, sin esperar que mañana ya es para siempre, sin darte cuenta que habitamos despedidas que no pueden despedirse.
Luego los que nos quedamos tendremos que hacer un hueco al vacío que pesa y ocupa demasiado lugar. Pensarnos con él, le diremos en voz baja y sin palabras lo que no pudimos decirle, lo sentiremos en la mesa esperarlo que venga, lo llamaremos para decirle que nos espere en su pequeña casa de campo rodeado de gatos anónimos y sin patria.
Todo nos pesa, nadie sabemos articular palabras para comunicar una conmoción de esta magnitud.
Los amigos son referencias de nosotros, piezas esenciales en el engranaje vital, señales en los caminos que recorremos.
De la ridícula idea de no volver a verte, espantar ese olvido que seremos cuando nadie hable de nosotros.
Serás el almendro de nata, serás tierra, serás raíces. Veremos crecer las semillas que enterraste en cualquier sitio.
Y, citando a Quevedo, "polvo serás, mas polvo enamorado”.