Después de cuatro años de esfuerzos, el trabajo de María Jesús Rodríguez ha dado sus frutos. Su investigación en el campo de la inteligencia artificial alcanza el máximo reconocimiento académico, el cum laude. La docente del Campus de Ceuta innova en este terreno con un añadido que permite ahorrar tiempo, energía y recursos.
Alcanzar la distinción para ella es toda una satisfacción. “Le he dedicado mucho”, concreta. Reconoce que no ha sido fácil para ella compaginar ese tiempo empleado con el horario del trabajo y con su familia. “Haberlo conseguido es muy gratificante. Soy una persona muy autoexigente. Después de esto, no puedo pedir nada más a la vida”, expresa.
La labor de su tesis, ‘Api-driven multi-domain chatbot generation empowered by generativa Al’, se centra en esas bandejas de mensajería que ofrecen sitios webs de empresas como teleoperadoras o tiendas. “Estos, que son los típicos de soporte técnico, están automatizados”, manifiesta.
Este rasgo hace que solo puedan generar “diálogos monótonos y repetitivos” en los que pueden escaparse algunos matices. De hecho, no es poco común que, al usar este medio, en ocasiones, la IA responda que no entiende bien la petición que le hace el cliente ante determinados escenarios.
“Alucinación”

No es el único inconveniente que presentan. Cualquier inteligencia artificial puede tener una “alucinación”, según explica la experta. Este suceso se produce cuando contesta con una respuesta o una información que no está relacionada con la pregunta que se le ha formulado.
A todo ello se suma el hecho de que estas tecnologías requieren de un entrenamiento para poder ejecutar órdenes. Sin embargo, con este añadido creado por Rodríguez, toda esa necesidad y esos posibles fallos se reducen al mínimo.
“Es un archivo que se pasa a la IA”, explica. “Por ejemplo, si alguien tiene un restaurante y quiere que el chat le pregunte al usuario si quiere reservar en la terraza o en el salón interior, puede hacerlo con estos documentos”, expone. “Permiten establecer una conversación que no alucine, que no sea genérica y que no precise de ese adiestramiento previo”, destaca.
Multidominio
Se puede trasladar a muchas plataformas de inteligencia artificial. Es un sistema multidominio, por lo que solo basta con cambiar el diálogo a instalar. Ella lo ha puesto a prueba con restaurantes, hoteles y atracciones turísticas. Permite parafrasear o variar las frases para evitar no siempre “parezca lo mismo”.
A pesar de que el resultado de su estudio es útil y facilita un atajo para mejorar un servicio, solo es conocido en el terreno científico. No ha tenido mucha repercusión aún a nivel público. “Se emplea mucho tiempo en indagar en ideas muy buenas, ya sea en esta disciplina o en otras. El problema es que no cuentan con la difusión que deberían”, admite.
Se ha hecho eco de su hallazgo en congresos internacionales en países como Túnez y en ciudades a nivel nacional. Ha publicado su análisis en revistas. “Tiene mucha aceptación en el mundillo al ser una novedad, pero fuera de él no gana ese reconocimiento”, manifiesta.
“Auge”

“Cuando expuse la tesis, el tribunal que aconsejó exponerlo públicamente porque existen estándares que se usan de forma extendida. Me animaron eso. Eso una pena, porque todo se queda como en una especie de I+D”, menciona.
A pesar de esta circunstancia, considera que las posibilidades de que llegue a otros ámbitos son muy altas. “La suerte es que es un tema que está en auge. Lo guay de todo esto es que antes fuera de estos dominios no era conocido por los usuarios. Ahora está extendido”, remarca.
Precisamente no quiere que su trabajo se quede en los documentos que recogen las conclusiones que ha extraído en estos cuatro años. Pretende continuar con su labor. No ha contemplado la ida de hacer una patente, pero no lo descarta si se le presenta la oportunidad.
Dinero
Otro de los inconvenientes que conlleva investigar es la falta de recursos. “Todo vale mucho dinero, hasta publicar en una revista. La última vez que mi trabajo salió en un medio así me costó 1.000 euros”, subraya.
“Ir a un congreso nacional son 500 y a uno internacional 1.500. A eso sumar el coste de desplazarse. Si no vas y lo presentas, no consta; no suma”, destaca. “Se tienen muy pocos recursos o menos de los que deberían destinarse”, especifica.
“Gracias a estos investigadores la vida de las personas siempre mejora un poco. Estamos algo limitados”, recalca. Normalmente no muchos titulados se adentran en esta parcela de la ingeniería informática.
“Como hay muy poco paro, cuesta que la primera opción de los alumnos sea esta. Los jóvenes tienen salidas en un mercado labora en el que existen muchas oportunidades”, detalla.
Considera que hace años no era un tema atractivo para quienes comienzan en este campo, pero que a día de hoy sí lo es por los últimos avances. “Veo más interés en el asunto. Noto que tienen más curiosidad”.
Mujer

María Jesús es de las pocas mujeres que ejerce esta profesión o imparte clases del título. De hecho, por lo que le consta, es la única dentro de la plantilla de docentes de la carrera en el Campus de Ceuta.
Sabe de buena tinta que son pocas las que están entre las matriculadas. Eso sí, traslada que, al menos, en los primeros cursos empieza a haber entre cinco y siete alumnas en la clase. “He llegado a tener grupos en los que no había ninguna”, puntualiza.
Cree que en el presente la información sobre el grado es mucho más amplia, lo que permite romper con ese estigma del informático “friki”. Estima que ello abre la puerta a más chicas.
Rodríguez está concienciada con este asunto. Ha coordinado la iniciativa ‘Ser ingeniera’, que conecta la ciencia a niñas entre los trece y los dieciocho años. Aunque todavía son pocas, realza a las que conoce. “Mi tesis ha estado dirigida por mujeres muy inteligentes. Estoy orgullosa de ellas”.







Súper orgullosa de ti una gran honor de haber sido tu alumna y que fueras mi tutora enhorabuena te lo mereces