El Gobierno de Ceuta llega al ecuador de la legislatura con el anuncio de una remodelación en su estructura, que pasa a tener dos vicepresidencias. La primera recae en el actual portavoz, Alejandro Ramírez, y la segunda en la consejera de Hacienda, Kissy Chandiramani. Pero quizás lo más llamativo ha sido la entrada en el Ejecutivo del hasta ahora único diputado del PP sin competencias, Rafael Martínez Peñalver.
La decisión de cualquier reajuste en un equipo de gobierno corresponde exclusivamente a su máximo responsable, en este caso Juan Vivas, si bien en esta ocasión se conjugan una serie de factores que explican que se produzcan esos cambios. La intención de descargar en una consejería el urbanismo y el transporte tiene su razón de ser en que, en poco tiempo, habrá que asumir una nueva concepción en la gestión de la planificación del suelo, una vez que se firme el convenio con el Ministerio de Defensa para la cesión a la Ciudad de miles de metros cuadrados que deben propiciar un crecimiento extraordinario.
Centrar esas labores en un único departamento parece oportuno y si, además, el PP cuenta con un diputado que hasta ahora carecía de cartera y que puede asumir esa responsabilidad, las circunstancias invitan a realizar esa reestructuración sin mucho ruido político, al menos a nivel interno.
Todo gobierno necesita un periodo de adaptación y consolidación en sus inicios, por lo que no es de extrañar que en el meridiano del mandato se opte por el refuerzo de determinadas áreas o incluso por cambios en los responsables de las mismas. El anuncio de ayer se ha hecho en tiempo y forma para poder justificarse, más allá de la crítica política, lícita y necesaria, que haga la oposición.






