Ayer volvió a ponerse de manifiesto el choque de relaciones que existe entre la Delegación del Gobierno y el principal grupo de la oposición, Caballas. Un choque que viene de lejos y que se ha visto recrudecido tras los últimos comunicados de la coalición con motivo de las muertes violentas ocurridas en Ceuta. O mejor dicho, solo con algunas. Y es que en esto de condenar la pérdida de una vida, tampoco se ponen de acuerdo.
El ataque que, contra las fuerzas de seguridad, interpreta el delegado que hace Caballas no ha hecho sino enturbiar aún más esas relaciones. Hoy asistimos, de nuevo, a un cruce de acusaciones entre institución y partido. Un cruce que a nadie gusta, porque terminan dando pie a que unos y otros digan o den a entender aseveraciones que no son buenas para la ciudad y que terminan alejándola de lo que realmente interesa al ciudadano, que haya seguridad en sus calles y que esta tierra no se pierda, como ya algunos temen y otros muchos dan por hecho. No obstante sí es cierto que se ha llegado a este tipo de situación desde el momento en que se optó por jugar a política cuando hay muertos de por medio. Un juego fácil, que cala entre un ciudadano sensible, pero que en nada ayuda a que se resuelvan los delitos y en que se logren los resultados que todos buscamos. A esa locura de enviar comunicados mediáticos a diestro y siniestro en la que, ojo, no solo ha incurrido Caballas sino también el PSOE (que pocas lecciones puede dar en materia de seguridad tras su paso por la Delegación) ha seguido esta crispación y enrarecimiento de un ambiente que no reporta nada positivo, más bien convulsiona aún más una ciudad que necesita cambios muy profundos para salir de la repetición de muertes violentas. Si antes de mover ficha, se diera un margen a la reflexión no se producirían episodios de este tipo. La seguridad no permite experimentos con gaseosa. Nunca han resultado y menos en Ceuta.





