Acaba de publicarse en este mes una Resolución de la Dirección General de Patrimonio Cultural y Bellas Artes, del Ministerio de Cultura (BOE 221 de 13 de septiembre de 2025), por la que se inicia expediente de declaración de “Los sistemas históricos y tradicionales de regadío” como manifestación representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial, abriéndose un periodo de información pública.
Esta iniciativa reconoce la relevancia de los sistemas de regadío tradicionales, no solo como herramientas para la gestión del agua y la producción agrícola, sino también como testimonios vivos de saberes ancestrales, prácticas comunitarias y relaciones culturales con el entorno. Los regadíos históricos, que han modelado el paisaje y la vida rural durante siglos, encarnan valores de sostenibilidad, solidaridad y adaptación a los ciclos naturales. Técnicas como las acequias de careo, las norias y las redes de canales, transmitidas de generación en generación, reflejan la ingeniería hidráulica popular y el ingenio colectivo de comunidades que han sabido dialogar con la tierra y el agua.
También hace unos meses se abrió un período de información pública para la futura Ley de Patrimonio Cultural de Andalucía.
Durante el mismo, la plataforma granadina “Defendamos La Vega otra vez”, presentó una interesante propuesta para el reconocimiento del Patrimonio Agrario como un nuevo tipo de Patrimonio Cultural. A esta propuesta, que abordaba el problema agrario y el del regadío tradicional como prácticas históricas que era necesario preservar y proteger, nos adherimos otras organizaciones culturales y ecologistas.
La consideración de estos sistemas como Patrimonio Cultural Inmaterial no solo busca su preservación material, sino también la protección de la memoria, la identidad y los modos de vida vinculados al agua, amparando a las personas que mantienen vivas estas tradiciones frente a las presiones de la modernización y la escasez hídrica.
En la referida Resolución, se explica con bastante detalle la iniciativa, remontándose a 2023, cuando el regadío fue incluido en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO y destacando los riesgos y amenazas derivados de la crisis de la agricultura tradicional y la escasez hídrica por el cambio climático que acechaban a estos sistemas.
En un artículo que escribí hace unos meses, titulado “La Paradoja de Jevons”, hacia mención a la conferencia “Siembra y cosecha de agua en Sierra Nevada”, a cargo de dos ponentes bastante experimentados. Por un lado habló el hidrogeólogo del Instituto Geológico y Minero (IGME), integrado como centro nacional en la Agencia Estatal del CSIC, Sergio Martos Rosillo. Por otro, el profesor Martín Civantos, de la Universidad de Granada.
Nos explicaron que la recuperación de las acequias tradicionales y de careo, como método para “sembrar” el agua y distraerla en los acuíferos subterráneos durante las estaciones menos secas, era fundamental para que fuese brotando de forma natural poco a poco, estabilizando su caudal y pudiendo disponer de la misma también en verano.
Pero, así mismo, los dos investigadores nos alertaron sobre los efectos de esta paradoja, que en tiempos modernos nos podría llevar a que las tecnologías de irrigación, conforme se vuelven más eficientes, originen un incremento del uso del agua.
En la Resolución de la que hablamos se detallan los motivos que justificarían esta declaración, entre los que se encuentra su capacidad para preservar la morfología, funcionalidad y razón de ser, que han hecho un uso eficiente en la gestión del agua, además de los valores culturales, sociales, económicos, productivos, ambientales, ecológicos y paisajísticos. Y lo consideran como algo urgente para asegurar su continuidad a las generaciones futuras.
También dan unas referencias y notas históricas dignas de lectura sobre abastecimiento de agua a larga distancia en la península en época romana, con referencias escritas en Columela o de Cayo Plinio Segundo, o algunas leyes como la Tabula Contrebiensis de Urso y, sobre todo, el Bronce de Agón o lex riui Hiberiensis, conocido también como Ley del canal del Ebro.
También datan otras investigaciones de M. Barceló, H. Kirchner o Th Glick que asociaron el análisis de los espacios agrarios a la sociedad andalusí, de los que pronto nos hablará la investigadora Ana García Leal en una esperada conferencia en nuestro municipio.
En cualquier caso, se trata de buenas iniciativas, que si consiguen su objetivo y se extienden a otros países, habrán significado un gran paso adelante para combatir la escasez de agua y prevenir los conflictos y el sufrimiento a millones de personas, contribuyendo a evitar la “Gran Guerra del Agua”, como enfatizó el Papa Francisco.






