El pasado 13 de febrero de 2026 nos dejó, a los 95 años de edad, una mujer irrepetible, pilar fundamental de una gran familia y ejemplo de fortaleza, amor y unión.
Nacida en Loja (Granada), la vida la llevó siendo apenas una niña a Ceuta, ciudad donde echaría raíces, formaría su hogar y construiría el legado que hoy permanece en cada uno de sus hijos, nietos y bisnietos. Allí conoció a su marido, Casimiro, con quien comenzó el que sería el gran tronco de un inmenso árbol familiar que, como ella misma decía, fue sembrando muchas “semillitas”, creando una familia tan numerosa como unida, no solo en número, sino en corazón.
Fue una mujer luchadora que supo enfrentarse a las dificultades más duras. Vivió la pérdida de sus tierras durante la Guerra Civil, y aun así siguió adelante con una fuerza admirable. Sacó adelante a sus hijos en tiempos difíciles, con escasez de comida, ropa y recursos, pero nunca faltó lo más importante: el amor, el esfuerzo y los valores que hoy siguen vivos en sus descendientes.

Su casa siempre fue un refugio familiar. Le apasionaba tenerla llena, especialmente de sus nietos, a quienes adoraba profundamente. Gracias a la vida, pudo conocer y disfrutar a todos ellos, dejando en cada uno enseñanzas de unión, cariño, sacrificio y fortaleza ante las adversidades.
Durante sus últimos años, especialmente tras sufrir dos ictus, su familia se volcó en cuidarla con el mismo amor que ella había regalado durante toda su vida. Hijos, hijas, nietos y familiares estuvieron a su lado, acompañándola, ayudándola en su día a día y devolviéndole, en cada gesto, todo lo que ella había sembrado.
Como expresa su nieto número 13, Francisco Javier Cepero Cortés, “ella me enseñó a amar, a valorar la familia y a no rendirme nunca. Siempre llevaré su imagen conmigo y haré todo lo posible para que su recuerdo jamás se borre”.
"Nos dejó en su hogar, rodeada de los suyos, entre recuerdos, cariño y pequeños detalles que formaban parte de su mundo, como sus muñecos y su inseparable cojín de Brad Pitt, símbolo de su ternura, y de esas historias familiares que solo quienes la conocieron y estuvieron junto a ella sabrán comprender"
Como nieto he tenido la alegría de compartir momentos muy especiales en sus últimos años: pudo verme en mi graduación de bachillerato y de la FP superior, además de entrar en la universidad, celebrar las últimas Navidades rodeada de todos los suyos, disfrutar de su último árbol de Navidad y acompañar a su familia hasta los momentos finales de su vida.
Nos dejó en su hogar, rodeada de los suyos, entre recuerdos, cariño y pequeños detalles que formaban parte de su mundo, como sus muñecos y su inseparable cojín de Brad Pitt, símbolo de su ternura, y de esas historias familiares que solo quienes la conocieron y estuvieron junto a ella sabrán comprender

Hoy su casa guarda meriendas, veranos interminables, celebraciones, risas, reuniones familiares y recuerdos imborrables. Permanecerá viva en fotografías, vídeos, audios y, sobre todo, en el corazón de quienes tuvieron el privilegio de compartir su vida.
Sus familiares y amigos la recordarán como una mujer luchadora, generosa, amante de su familia, de sus tardes de café y de esos encuentros familiares que convertía en momentos mágicos.
Nos deja un legado imposible de borrar, porque todo aquello que se recuerda con amor nunca muere.
Descansa en paz, Abuela María
“Te quiero más que una patata frita”.







Preciosas palabras que recogen el mayor regalo que os dejó AMOR, ENTREGA, HUMILDAD y millones de sabios consejos. Descansa en paz, María, hiciste un trabajo maravilloso. Abrazos para toda la familia, grande y unida