Se dice que una imagen vale más que mil palabras y, en este caso, miles de palabras no podrían dar cuenta de la brutalidad con la que fue agredida una docente por un policía durante las protestas frente a la Consellería de Educación en Valencia.
La profesora jubilada no estaba cortando las calles, no se mostraba beligerante, no suponía ninguna amenaza para el orden público. Acompañaba a los compañeros en la manifestación ubicándose en un extremo de la calle.
La imagen recorrió las redes sociales con una. Velocidad vertiginosa.
Vergüenza, vergüenza vergüenza; fueron los gritos de los manifestantes mientras otros acudían al auxilio de la compañera. La policía siguió dando palos cuando alguno de los profesores pidieron explicaciones.
El pasado domingo, 31 de mayo, se hizo viral la imagen. La delegada del Gobierno salió a la palestra y declaró: “La imagen acabamos de ver es inaceptable. Vamos a investigar lo ocurrido de forma exhaustiva para depurar responsabilidades. Proteger el derecho a manifestarse con seguridad está por encima de cualquier circunstancia. Este es un hecho totalmente incomprensible que empaña el trabajo de la Policía en estas tres semanas de manifestaciones, en coordinación con los sindicatos convocantes”.
El empujón propinado por un antidisturbios a una docente que se encontraba en la manifestación y que, como consecuencia, se dio de bruces contra el suelo.
La profesora jubilada y allí presente para apoyar al profesorado, se encontraba de espaldas cuando el policía, sin que lo esperase, la mandó directamente al asfalto tras provocar que perdiese el equilibrio.
El sindicato de policía defendió a su compañero sin ninguna duda y le mostró su apoyo incondicional argumentaron que hay que actuar rápido si los manifestantes quieren cortar la vía pública.
Ya puestos, la podrían haber amordazado, esposado, apaleado, haberle lanzado un balazo de goma o introducirla a puñetazos en el furgón de los antidisturbios.
Me imagino que este agente no tendrá hijos que vayan a la escuela o fuera víctima de cualquier frustración en la escuela o en el instituto.
Me repugna el sindicato que le da apoyo incondicional al afiliado, me produce náuseas el matonismo cuando las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado están para proteger al pueblo.
Seguro que el delito no quedará impune, seguro que habrá justicia, seguro que los hechos animan a seguir en la lucha que ya lleva un mes.
Se piden mejoras salariales para no perder poder adquisitivo, bajada de la ratio, instalaciones para dar clase en condiciones, mejora de la calidad de la enseñanza y frenar una burocracia absurda que desalienta al más pintado.
Mientras la Generalitat invierte en la enseñanza privada en todos sus ámbitos, la enseñanza pública se va alejando de la mano de Dios.
Termino de enterarme que al agente se le ha abierto un expediente.
Nos amenazan los alumnos, los padres, la administración. Nos presionan, estamos a los pies de los caballos cuando hay un conflicto. Ahora es la policía; menos mal que somos autoridad.
Nos mataron en la guerra y la postguerra, no pudimos ejercer la profesión por apoyar a la república, pasamos hambre, tuvimos que escondernos por enseñar la libertad. Llegaron los curas y cambiaron a Miguel Hernández por el rosario mientras el crucifijo y Franco presidían el aula.
Fueron malos tiempos y por eso debemos estar unidos por lo que nos pueda a caer.
El agente olvidaría la primera regla del cole: no se pega a nadie.






