Miles y miles de personas, hombres, mujeres y niños. La avalancha de este jueves en Ceuta, que se extendió hasta el mismo viernes, dejó una absoluta permeabilidad en el Tarajal.
Tanta que los servicios de información de Policía y Guardia Civil trabajan en poner rostro e identidad a todos ellos, ante la convicción de que cruzaron personas en busca y captura y otros a los que les constaban órdenes de expulsión.
También se centran las miras en individuos de corte radical. Entre la maraña de personas que entraron había algunas que, por su apariencia, hacen sospechar a las fuerzas de seguridad. También por su vestimenta.
Ahora se está en la fase del trabajo más duro. Esa labor de saber quién entró en Ceuta y dónde está.
Interior nunca ha aportado los datos de las entradas específicas de estos días, de hecho, no ha actualizado su página en la que recoge los balances quincenales.

Oficiosamente se cifran en más de 80.000 las entradas, pero Interior no ha trasladado a los medios la estadística real de la mayor crisis sufrida en el espacio migratorio.
La tarea más delicada y relevante para los que alertaron de todo
Los servicios de información y el CNI se centran en lo más relevante en estos momentos. Hay que identificar a quien pasó, analizar múltiples archivos de fotos y videos, revisar todas las cámaras de seguridad, porque entre esos niños solos, esas familias, esas madres con bebés y esos jóvenes, ha existido una clara grieta en la seguridad nacional.
Esos agentes habían alertado de que esto podía suceder a pesar de la negativa y el enroque del Gobierno en su falta de información sobre lo que se avecinaba.
Esos mismos agentes son los que ahora destripan los incontables datos, sobre todo graficos, de esas dos jornadas de auténtico caos en Ceuta.
Temen el pase de radicales identificados, pero también de expulsados que han incumplido las órdenes de prohibición de acceso, y de radicales implicados en investigaciones de corte islamista.






