Ayer en la mañana, cercano a la plaza Pepe Remigio me topé con un contenedor de ropa usada víctima del vandalismo cotidiano que padecemos.
¿Qué nos pasa para destrozar lo que nos pertenece a todos? ¿Por qué la sociedad genera tantos enemigos?
Coches quemados, sembrados de cacas de perro, autobuses apedreados, el monte repleto de basura, escombreras, fumadores que llenan las calles de colillas, el recinto de la marina pasto de la basura que dejan muchos usuarios: botellas, cristales, plásticos, restos de comida.
El domingo, en un garaje de Loma Colmenar cubrieron varios coches con el polvo de un extintor.
Lo vemos también en los institutos: aseos destrozados, clases sucias, patios en los que algunos alumnos no tienen mala conciencia cuando dejan caer al suelo restos de los desayunos.
¿Comprar un millón de cámaras de seguridad? ¿Poner miles de multas? ¿ Hacer pagar al que causa un daño?
Demasiadas preguntas y pocas respuestas.
¿Qué nos cuesta todo lo que se destroza? ¿Quién lo paga? Desgraciadamente lo pagamos todos, nada es gratis.
Los contenedores de ropa han costado 200.000 euros. ¿No hay otra forma más segura para depositar el material?
Vigilar, multar, dejar hacer o educar desde la cuna. Trasmitir civismo para pedir responsabilidades y rebelarse cuando no se cumplen.
¿Probamos a llamar a la policía cuando se consume alcohol en las calles? ¿Denunciamos estos hechos y aportamos soluciones? ¿Nos comprometemos unos con otros y hacemos lo posible para que las cámaras de vigilancia sea nuestra conciencia?
Y esto va también por las miles de veces que se avisa sobre algo que no se ha arreglado y las empresas del ayuntamiento se mueren de risa: boquetes en las calles, hierros amontonado en una zona del parque de perros, agujeros por los que se escapan algunos canes pequeños, casetas de madera milenarias que nadie quita de este recinto, denuncias que se las pasan por el arco del triunfo.
Y ahora vienen las época de los resbalones por las calles. Lo mismo es más cómodo para el ayuntamiento pagar una millonada a los afectados que solucionar el problema.
No podemos salvar esta situación y queremos comprometernos para luchar contra el cambio climático.
“Señor, dame paciencia, que como me des fuerza los mato”.







Lo pagamos todo, hasta los sueldos de los que tienen que cuidar que no pase esto.