¿Puede el barrio del Príncipe de Ceuta reconvertirse en un espacio cultural y atractivo para el turismo? Es una pregunta que, aunque pueda parecer peculiar en su planteamiento, tiene una respuesta meditada, al menos sobre el papel.
Así aparece reflejado en el último informe del Observatorio de Ceuta y Melilla y más concretamente en el capítulo elaborado por la economista ceutí Sony Vashdev. La autora propone un “cambio radical” en la concepción de esta zona, de manera que se pueda convertir en un atractivo de interés para quienes visitan la ciudad.
Vashdev parte de una reflexión inicial en la que asegura que el Príncipe es conocido por la serie de televisión, pero que “últimamente ha llamado la atención de ciertos políticos que ridiculizan el mismo, dañando la imagen de la ciudad, por lo que acontece en dicho entorno”.
El primer paso sería concienciar a la población de que este ámbito se puede mejorar y ofrecer una imagen que resulte interesante al visitante que viene de otra cultura, de otro ambiente “y que puede llegar a comprender la naturaleza y diversidad de las personas que habitan el barrio. Sabemos que hay que personas curiosas que se han desplazado para conocer la realidad de esta barriada, e incluso taxistas que hacen una ruta segura por sus calles, pues de otra forma no se atreverían”, asegura.
Para llegar a esa meta, la autora marca como objetivos la necesidad del cambio de imagen que requiere el barrio, mejorar sus calles, buscar entornos y espacios donde se puedan establecer “ya sean grafitis, como cafeterías con encanto, o tiendas de artesanía. Para ello, se ha de contar con la población residente de la barriada”.
Un segundo objetivo sería la facilidad del transporte enfocado desde el punto de vista turístico, creando una experiencia única para el visitante. El tercero pasa por garantizar la seguridad de los turistas a toda la barriada, algo que ofrecerían en el futuro “los propios residentes cuando comprueben las consecuencias positivas del cambio”.
El camino es motivar, concienciar y sensibilizar del cambio, de manera que se mejoren las calles, se potencie el valor de sus casas de colores y que muestre su diversidad creando un entorno inclusivo.
Para ello es necesario que las personas que emprendan este proyecto crean firmemente en la posibilidad de hacerlo realidad, creando espacios comunes que se puedan visitar y que sirva para evaluar la diversidad de la ciudad, con centros culturales donde se muestre la artesanía, la gastronomía u otras actividades creativas.
La transformación que plantea la autora tiene como antecedente y ejemplo a seguir la experiencia de un barrio en Corea del Sur, que nada tiene que ver con la barriada del Príncipe, “pero que nos da la posibilidad de enfocarnos en lo positivo y sacar provecho de ello”. Se trata de Gamcheon Culture Village, ubicado en la ciudad coreana de Busan.
La economista afirma que “si las personas que lleven a cabo estas actuaciones son capaces de motivar al cambio a los habitantes de la barriada, todos ganan; pues pasaría de ser un barrio considerado marginal e incluso un gueto a ser un atractivo turístico más de Ceuta, con una población asentada de hace más de cuatro generaciones y que mantiene sus tradiciones y formas de vida. Hay que crear espacios donde las manifestaciones culturales se aprecien en cualquier calle o rincón del barrio”.
No obstante, admite que “cambiar patrones excluyentes como han existido en la barriada del Príncipe, no se logra a corto plazo, pero que es posible” con esfuerzo y educación con las nuevas generaciones de vecinos de la zona.
Para Sony Vashdev, Gamcheon Culture Village y su historia “nos puede servir como inspiración”. Explica que es un barrio conocido por sus casas coloridas, sus calles estrechas y su ambiente bohemio. Fue originalmente una zona pobre, pero en la década de 1990 un grupo de artistas y activistas se unieron para revitalizar el área. “Comenzaron a pintar las casas de colores y a crear murales y esculturas. El resultado fue un barrio colorido y vibrante que se ha convertido en una atracción turística popular”.
En la actualidad viven allí unas 1.000 personas. La mayoría de los residentes son artistas, artesanos o comerciantes y alberga una variedad de galerías de arte, tiendas de souvenirs y restaurantes. Fue construido en la década de 1920 para albergar a los trabajadores de las fábricas cercanas y pronto se convirtió en un próspero centro de actividad. Sin embargo, la Guerra de Corea destruyó gran parte del barrio y dejó a muchos residentes sin hogar. Después se convirtió en un espacio pobre, marginalizado y peligroso, hasta en torno a 1990 un grupo de artistas y activistas se unieron para reactivarlo.
Ahora es un centro de actividad cultural, con una variedad de festivales y eventos durante todo el año. Se han transformado en un lugar ideal para pasear, tomar fotos y disfrutar de la cultura local. “Por las fotos de ambos barrios, podemos comprobar la similitud de ambos entornos”, asegura la economista.
En su opinión, este proyecto de transformación del Príncipe en un atractivo turístico y cultura podría ser posible, siempre con la colaboración de las administraciones, dando la posibilidad de generar empleo y, sobre todo, “como muestra de la convivencia y ejemplo de multiculturalidad que existe en Ceuta”.
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