La Jefatura Superior de la Policía Nacional está demostrando la convicción y determinación que, si en algún momento no existió, preside actualmente su acción para acabar con la delincuencia criminal organizada que siembra el pánico entre la inmensa mayoría del vecindario del Príncipe, que se ha convertido en sus primeras y principales víctimas.
La rápida detención de los tres supuestos autores del execrable crimen de otro joven, esta vez un militar treintañero, en los garajes del Poblado Legionario se produjo gracias a que la Policía no tuvo que subir a la barriada a buscarlos.
Ya estaba allí, desplegada de nuevo para mantener la tranquilidad que echan de menos los miles y miles de residentes que de manera inaceptable se ven obligados a vivir con temor por quienes han hecho de los disparos, las amenazas y las coacciones de todo tipo su forma y medio de vida.
El Cuerpo debe sentir el respaldo de todos esos vecinos del Príncipe y el aliento del conjunto de la sociedad ceutí para mantener esa apuesta, que solo persistente dará los frutos que debe: acabar con las bandas organizadas que llevan mucho más que cinco meses, el tiempo en el que sus enfrentamientos se han hecho mucho más visibles, estrangulando el barrio y sus posibilidades de mejorar. La presencia policial en la zona tiene que ser en lo que se está convirtiendo: no una intervención puntual y esporádica, sino habitual, rutinaria y normal, con todos los recursos humanos y materiales necesarios para combatir unos grupos que también están armados y, como se ve, dispuestos al uso.
En el éxito de este desafío también va no solo el futuro del Príncipe, sino el de toda Ceuta.






