La oposición se rasga las vestiduras. Y lo hace por el gasto de casi 160.000 euros en plantas de decoración. Algunos considerarán que su crítica se basa en la más pura demagogia. Otros les darán la razón. Yo me encuentro entre estos últimos. No es que considere una barbaridad el gasto, es que este Gobierno todavía no ha dado con la tecla (o quizá no quiere) de la utilidad del gasto, lo que transformaría el despilfarro en una inversión.
Estamos acostumbrados a demasiados desembolsos sin sentido sobre los que nunca hemos pedido las explicaciones debidas. Parece como si todo se hiciera sin un estudio previo que sirviera para fiscalizar el gasto público. Es ilógico que el Parque de Santa Catalina haya absorbido ya la inversión de cuantiosas partidas en compra de plantas que no han crecido ni nunca lo harán. Porque esa tierra está ya envenenada de por sí, quema todo lo que se plantó con la intención de crecer, nunca será capaz de acoger esa vida que nos ‘vendieron’ en las realidades virtuales que el Gobierno facilitó a los medios de comunicación. Ese fue su gran error: vendernos que Santa Catalina iba a ser un parque verde, lleno de plantas... cuando al final lo que tenemos es un lugar sin vida y sin posibilidad de tenerla. Todo lo gastado y lo que se vaya a gastar será dinero perdido.
Lo mismo ocurrió en San Amaro. Sin previsión suficiente la Ciudad plantó un montón de especies que no iban a agarrar en este lugar, amén de ser objeto de actos vandálicos o de accidentes. De lo que en principio lucía con sus cartelitos a juego se pasó a un hábitat más acorde con la realidad.
No quiero mirar demasiado atrás en el tiempo para recordarme del insultante gasto de miles de euros en las famosas topiarias. ¿Lo recuerdan? Aquellas plantas con formas concretas que duraron pocos meses pero que supusieron una inversión de miles de euros.
Ahora nos cuentan que se gastarán casi 160.000 euros en plantas de decoración, defendiendo que es una inversión necesaria para que Ceuta esté bonita y sea alegre turísticamente hablando y de cara a la propia ciudadanía. Nadie pondría el grito en el cielo si ese gasto se hiciera con cabeza, con especies que pueden aguantar años, adecuándolas al medio en el que van a ser plantadas, teniendo en cuenta todos los factores que pueden tener influencia sobre ellas. Creo que esta no es la pauta que sigue la institución municipal a la hora de distribuir unas inversiones que ni tan siquiera son capaces de rentabilizar el vivero municipal.





