Lo denuncia Septem Nostra, una pequeña familia que lleva años peleando por asuntos que igual interesan a unos pocos, pero cuyas consecuencias nos afectan a todos. Ellos están ahí peleando, siempre, por el cuidado medioambiental y patrimonial de Ceuta, buscando sacar los colores a quien no cumple con las normas.
Si antes se cometían auténticas burradas, ahora, tras la entrada masiva de miles y miles de personas, estamos siendo testigos de un auténtico desastre. Se están cargando todo: los montes y las playas. Lo están haciendo a la vista de cualquiera y ante la inacción clarísima de quienes, al menos, deberían dar un paso para que dentro de esta absoluta locura el daño sea menor.
Cuando el asentamiento del Trampolín se convierta en un recuerdo -ese día llegará-, será demasiado tarde para recuperar todo lo que se ha destrozado. Las especies protegidas que han desaparecido, la contaminación extendida, lo destrozado que ya no se va a recuperar.
Y no solo ahí, también en Benítez, los montes, el Hacho… Se están cometiendo delitos medioambientales a la vista de todos, y sin contar los daños en las especies. Esto es una realidad que se ha denunciado, que se ve, pero que forma parte de lo que se pierde, de lo que se considera menos importante.
No es así. Esto que ahora existe debe mantenerse para las próximas generaciones, debe protegerse. Pero lejos de hacerlo, se está mirando hacia el otro lado permitiendo que se cometan auténticas barbaridades.
Las administraciones, cada una dentro de sus competencias, están escondidas. No hacen lo que deben. Ni Ciudad ni Delegación mueven un dado para, dentro de toda esta locura, hacer algo por evitar auténticas barbaridades.
La otra lectura de esa entrada masiva la estamos viendo ahora, pero las consecuencias en el plano medioambiental las vamos a sufrir de por vida. Es una lástima que importe tan poco lo que tenemos.






