Queco, Marcos y Daniel conviven con Sergi March. No son sus compañeros de piso: son parte de sus 17 identidades. A diferencia de la comicidad del personaje de Agustín Gordillo de La que se avecina, su realidad es compleja y difícil. Guiado por su afán de darle un espacio público al trastorno de identidad disociativo, ha decidido compartir su relato en El Faro de Ceuta.
Es una alteración cognitiva muy desconocida que solo padece un 1%. Se sabe de ella por esa especie de mito creado en la pantalla en producciones como ‘Múltiple’ o la serie de humor española. Precisamente la invisibilidad que recae sobre su afección es lo que ha llevado a Sergi a convertirse en un divulgador en ciernes.
“Hay muchos prejuicios en esa película. No me siento identificado para nada. Tampoco me veo en Agustín Gordillo”, asevera. “No se parece en nada a la situación real. No nos disfrazamos, no hacemos este tipo de cosas. No pasamos de ser un nazi a ser muy de izquierdas”, señala.
La vida de quienes manifiestan distintas identidades está llena de recuerdos y amnesia. Tienen diferentes hombres y aficiones, pero sus personalidades son similares. March lo expone con un ejemplo.
Si de base cree en el cristianismo, puede ser católico al mismo tiempo que uno de sus alter ego puede ser evangélico. No se dan cambios radicales, solo se generan historias distintas dentro de una misma mente.
Las personas que desarrollan esta alteración cognitiva tienen un nexo en común. Son los eventos traumáticos violentos los que despiertan el trastorno. Sergi explica que, en su caso, fue a raíz de un abuso sexual que sufrió cuando era menor.
Quienes están diagnosticados con esta afección, diseñan diferentes perfiles. No solo son nombres. Sus aficiones o sus costumbres son distintas. De hecho, cuando una de ellas deja de manifestarse, lo habitual es que no se recuerde nada de lo que ha hecho hasta ese momento.
Sergi se dio cuenta de qué le pasaba tras pedirle matrimonio a su pareja Xandra. Lo que era una buena noticia hizo que a ella le sonaran todas las alarmas. Una de sus identidades ya estaba casada con otra mujer. Al conocer este dato a través de familiares, el anuncio le resultó extraño a todas luces.
Fue en ese momento cuando tomó la decisión de ir con él a una psicóloga. Fue en esas sesiones cuando el profesional diagnosticó el trastorno de identidad disociativo, popularmente conocido como ‘personalidad múltiple’.
“Podría haber pensado que le estaba tomando el pelo, pero pensó que había algo raro”, señala. “Al principio creí que tenía bipolaridad, pero no era eso”, expresa. “Gracias a su valentía quiso saber qué me sucedía realmente. Me dijo que no le estaba mintiendo, que no era posible que alguien que organiza una boda lo haga”, menciona.
El informe psicológico con el que prueba su relato revela que esta afección es fruto de “un trauma infantil severo” que lo lleva a establecer “actitudes distintivas en cada momento”. March también fue atendido en el servicio de salud mental de Castilla-La Mancha. El facultativo que lo examinó dictaminó que padece un trastorno de identidad.
De hecho, Sergi indica que gracias a este profesional reconduce su vida. Las otras entidades solo aparecen tras estímulos estresantes. Por ejemplo, el sonido de la sirena de una ambulancia puede desencadenar este mecanismo que, en resumidas cuentas, es una reacción de defensa.
“Sé que cuando estoy en Madrid el riesgo de disociarme es mayor porque es una ciudad con mucho bullicio. Un accidente puede provocarlo. Lo que para cualquiera es un susto, para mi cerebro es más”, indica.
El cerebro crea de principio a fin la vida de otra persona, un alter ego con recuerdos y aficiones que surge para protegerse. Es decir, el trauma genera tal impacto que la mente forma a otros perfiles para esconderse de otro posible evento de gran calado.
La complejidad de esta alteración cognitiva hace que sea imprescindible un psicólogo experto que sepa dotar de herramientas al paciente para que, en la medida de lo posible, esas identidades no salgan a flote.
Existen muy pocos que estén formados en este asunto. Por ejemplo, donde él vive, en Castilla-La Mancha, no hay. Andalucía sí cuenta con este tipo de especialistas, en concreto, en torno a unos doce.
El mismo combina amnesia, despersonalización y, en general, una desconexión con sus pensamientos. “Puede que esa persona piense que trabaja en un banco en el que no lo hace o descubrir que ha nacido en un sitio distinto al que creía. No siempre es alguien que miente. Puede ser que verdaderamente lo vea así porque lo tiene”, explica March.
De hecho, admite que es muy difícil que quien lo padece realmente se dé cuenta. Es más fácil que lo perciban sus familiares o amigos. Sergi hace hincapié en que es “muy importante” detectar esta afección en la infancia para que, la persona, tenga más opciones de tratamiento y, con ello, más control sobre su vida.
Apreciar este problema de salud mental no es sencillo, aunque hay ejemplos que son útiles para sospechar de su presencia. “Si un niño durante una semana es un crack en matemáticas y a la siguiente no sabe apenas sumar, es un indicador. Si un adolescente es súper carismático y al pasar un mes es muy introvertido, lo es también”.
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