Ceuta, por vez primera desde hace un mes, baja de los 300 casos positivos. Una cifra que abre una puerta a la esperanza pero que también puede entenderse de manera peligrosa. Sobre todo cuando se promueven en demasía los discursos en los que la alegría se confunde con la relajación y la relajación da pie -o puede- a más contagios. Hemos vivido momentos durísimos, que todavía no han terminado. Están muriéndose muchas personas, se nos están yendo padres y abuelos, se está haciendo daño a una generación. Ante esto no podemos quedarnos de brazos cruzados esperando solo la Navidad, pensando solo en los puentes, en las salidas, en la festividad que lleva pareja la movilidad. Hay que vivir momentos de control y de reducción de la vida social para que la situación vaya en esa línea de mejora y los contagios no repunten. El peligro de creer que ha pasado lo peor nos puede llevar a una situación nefasta como la que estamos viviendo, como la que sufrimos, como la que se nos puede presentar causando mayor daño y dolor. No es una broma, estamos ante una situación tan drástica que puede llevarnos a otra ola de alcance nunca previsto. La responsabilidad es la única arma que tenemos para poder salir de esto, y esa responsabilidad lleva de la mano el ser menos egoístas para, sencillamente, ganar en vida, ganar en protección y ganar en cuidado hacia una generación que está pasando por lo peor.






