La Bahía de Algeciras es hoy uno de los grandes archivos sumergidos del Mediterráneo occidental. Bajo sus aguas, el proyecto HERAKLES, liderado por la Universidad de Cádiz, ha documentado más de 150 pecios que abarcan desde la Antigüedad hasta época contemporánea, confirmando la importancia histórica de este enclave estratégico.
Pero más allá del volumen de hallazgos, estos restos plantean una lectura más amplia: la del Estrecho de Gibraltar como un espacio compartido, donde territorios como Ceuta y Algeciras han estado históricamente conectados.
El investigador principal del proyecto, Felipe Cerezo, lo explica con claridad: “Hay una correlación evidente entre el patrimonio que vemos en Algeciras y el que hay en Ceuta, porque son los dos grandes puntos de entrada y salida del Estrecho”.
El proyecto HERAKLES ha permitido detectar una riqueza patrimonial que hasta ahora pasaba prácticamente desapercibida. Antes de esta investigación, apenas se conocían unos pocos yacimientos subacuáticos en la zona, a pesar de tratarse de un espacio con intensa actividad marítima durante siglos. “Ha sido abrumadora la cantidad de patrimonio que hemos encontrado”, reconoce Cerezo.
La clave ha estado en el uso de tecnología avanzada. A través de técnicas de geofísica marina, como el sonar de barrido lateral o los magnetómetros, los investigadores han podido localizar anomalías en el fondo marino que posteriormente se han documentado arqueológicamente. Todo ello sin necesidad de extraer los restos, una decisión consciente para garantizar su conservación. “Muchas veces los materiales están mejor protegidos bajo el agua que fuera”, subraya el arqueólogo.
Los pecios identificados corresponden a distintas épocas y tipos de embarcaciones, lo que convierte la Bahía de Algeciras en un auténtico laboratorio para estudiar la evolución de la navegación. Sin embargo, el proyecto no permite aún determinar rutas concretas o destinos precisos. “No hemos realizado excavaciones intensivas, por lo que no podemos saber con exactitud hacia dónde se dirigían esos barcos”, matiza Cerezo.
Aun así, el contexto es claro. El Estrecho ha funcionado durante más de dos mil años como un corredor de tránsito continuo entre Europa y África. En ese escenario, Ceuta y Algeciras han desempeñado un papel complementario, concentrando tráfico comercial, militar y humano.
En el caso de Ceuta, el conocimiento del patrimonio subacuático es más limitado. Parte de la información pudo perderse con intervenciones portuarias en el siglo XX y la carta arqueológica existente no está actualizada. Por eso, Cerezo insiste en la necesidad de retomar los estudios. “Las cartas arqueológicas deben actualizarse periódicamente, especialmente en zonas con corrientes fuertes, donde los sedimentos cambian y pueden ocultar o descubrir yacimientos”, señala.
El reto ahora es ampliar la mirada. Replicar en Ceuta un trabajo similar al realizado en Algeciras permitiría comprender el Estrecho como un sistema único, donde ambas orillas comparten una misma historia marítima.
“El Estrecho todavía guarda mucho patrimonio por descubrir”, concluye el investigador. Bajo sus aguas, la historia sigue esperando.
El proyecto HERAKLES se desarrolló entre los años 2020 y 2023, a lo largo de aproximadamente tres años, con el objetivo de estudiar el patrimonio arqueológico subacuático de la Bahía de Algeciras y su entorno en el Estrecho de Gibraltar. Durante este periodo, el equipo liderado por la Universidad de Cádiz llevó a cabo una investigación pionera que ha permitido ampliar de forma notable el conocimiento sobre la historia marítima de la zona.
Uno de los principales logros del proyecto ha sido la localización y documentación de más de 150 pecios y yacimientos subacuáticos a poca profundidad (10 m.), algunos de ellos datados desde el siglo V a.C. hasta la época contemporánea. Esta amplia cronología confirma que la Bahía de Algeciras ha sido un espacio de intensa actividad marítima durante más de dos mil años, funcionando como un punto estratégico dentro de las rutas que conectan el Mediterráneo y el Atlántico.
Para llevar a cabo este trabajo, los investigadores han empleado técnicas avanzadas de geofísica marina, como el sonar de barrido lateral, los magnetómetros o las sondas multihaz. Estas herramientas permiten detectar anomalías en el fondo marino y documentar los restos sin necesidad de intervenir directamente sobre ellos. De hecho, una de las decisiones clave del proyecto ha sido apostar por la conservación in situ, evitando la extracción de los pecios, ya que en muchos casos los materiales se preservan mejor bajo el agua que en superficie.
Más allá de la identificación de barcos hundidos, HERAKLES ha abordado el estudio del llamado paisaje marítimo, analizando también zonas de fondeo, actividad portuaria y la relación entre la costa y la navegación a lo largo de distintas épocas. Este enfoque permite entender los pecios no como elementos aislados, sino como parte de un sistema histórico más amplio.
El proyecto también ha puesto el foco en los riesgos que amenazan este patrimonio, como las obras portuarias, la actividad industrial, el expolio o los efectos del cambio climático. En este sentido, una de sus aportaciones es sentar las bases para mejorar la protección y gestión de estos yacimientos.
“Una de las novedades más interesantes ha sido la gran cantidad de patrimonio que hay y que está en muy poca profundidad, a menos de diez metros de profundidad y la bahía de Algeciras, que es tan profunda, pues, seguro que debe de contener todavía patrimonio en zonas más profundas de la misma”, asevera Cerezo, quien manifiesta que ahora solo se ha extraído información de una parte de la investigación.
En conjunto, HERAKLES ha permitido reconstruir una parte esencial de la historia marítima del Estrecho de Gibraltar y ha evidenciado que aún queda un enorme potencial por investigar bajo sus aguas.
Aunque el proyecto HERAKLES se ha centrado en la Bahía de Algeciras, los resultados apuntan directamente a Ceuta como una pieza fundamental para completar el mapa y la comprensión del patrimonio subacuático del Estrecho. Ambos enclaves han funcionado históricamente como los principales puntos de entrada y salida entre Europa y África, lo que explica la acumulación de restos arqueológicos en sus fondos marinos. Según el investigador Felipe Cerezo, existe una “correlación evidente” entre los yacimientos de ambas orillas, ya que forman parte de un mismo sistema de navegación y tráfico marítimo.
Sin embargo, a diferencia de Algeciras, el conocimiento del patrimonio subacuático en Ceuta es más limitado. Parte de la información pudo perderse por intervenciones portuarias en décadas pasadas y la carta arqueológica subacuática existente no ha sido actualizada en los últimos años. Por ello, los expertos consideran prioritario retomar los estudios con técnicas similares a las empleadas en HERAKLES. Solo así será posible entender el Estrecho como un conjunto único y reconstruir de forma completa las rutas comerciales, militares y culturales que durante siglos conectaron ambas orillas.
El proyecto HERAKLES es una investigación liderada por la Universidad de Cádiz que tiene como objetivo estudiar el patrimonio arqueológico subacuático de la Bahía de Algeciras y el entorno del Estrecho de Gibraltar.
Ha permitido identificar más de 150 restos de embarcaciones hundidas, desde el siglo V a.C. hasta la actualidad
No solo estudia barcos, sino también zonas de fondeo, rutas y la relación entre puertos y costa
Utiliza sonar, magnetómetros y fotogrametría 3D para documentar los yacimientos sin excavarlos
Los restos no se extraen, ya que pueden conservarse mejor bajo el agua
Evalúa amenazas como obras portuarias, expolio o cambio climático
Reconstruir la historia marítima del Estrecho y sentar las bases para su conservación y difusión
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