Actúan con total desprecio. Pasan cerca de los bañistas seguidos por los agentes marroquíes generando espacios de inseguridad. Son jóvenes de Ceuta que no tienen miedo a los controles y solo buscan hacer negocio a costa del tráfico de personas en motos de agua.
La presencia de unidades marítimas de la Gendarmería marroquí de manera fija y las aleatorias de la Guardia Civil no frenan lo que está sucediendo en estos días.
Tras el operativo del Instituto Armado mediante la coordinación de Policía Judicial y GRS se frenó el auténtico choteo instaurado nada más llegar el verano, pero no fue la sanción total para la herida abierta en el entorno de los espigones que genera cuantiosos beneficios económicos.
Los delincuentes han sido grabados, emplean siempre las mismas motos y suelen incurrir en la comisión de los delitos en similar franja horaria. Llegan, alcanzan la orilla, cargan y huyen. Si en el camino se topan con bañistas no detienen su marcha evidenciando el absoluto desprecio a las vidas ajenas.
La temeraria acción de estos delincuentes perjudica a quienes teniendo moto de agua no delinquen pero son señalados, topándose con dificultades a la hora de ejercer sus prácticas náuticas.
En estos últimos días ha vuelto a producirse un repunte de lo que ya parecía olvidado. Las normas dictadas por Capitanía Marítima y recogidas en el Boletín son claras pero dejan quiebras en el camino aprovechados por los traficantes.
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