Marruecos ha notificado de manera oficial la recogida de 11 cadáveres tras la avalancha mortal localizada en el espigón del Tarajal cuando miles de personas quisieron marchar a Ceuta.
Son muchos más los muertos, pero no los recogen. La marea terminará trayendo a algunos de ellos a las aguas de la ciudad autónoma.
Es lo que sospecha la Guardia Civil, cuyos agentes han sacado ya 81 cuerpos sin vida de la zona del espigón que, consideran, ya no esconde más cuerpos.
Esta cruda realidad entre fronteras evidencia hasta qué punto las vidas terminan siendo un burdo juego para las relaciones diplomáticas entre países.
Casi cien muertos, casi cien vidas enterradas bajo el mar, ahogadas y aplastadas. Ha sido la mayor tragedia registrada, la más importante de toda España en materia migratoria y la que, salvo sorpresas, quedará sin responsables.
De entre todos los fallecidos ha sido localizado el cuerpo de una sola mujer y de dos niños de entre 13 y 17 años, uno de ellos de origen subsahariano.
Hay más: alrededor de treinta de los fallecidos procedían del África subsahariana.
No saben nadar, son el colectivo más vulnerable de todos, se echó al agua y murió en ese trozo de espigón que nunca se han atrevido a sortear salvo con la ayuda de los motores humanos.
La crisis de Ceuta puede aumentar el número de fallecidos si esos cuerpos que quedan en el lado marroquí terminan siendo arrastrados a nuestras aguas.
Así ocurrió el 6F, una tragedia que también quedó focalizas en este espigón.
La oenegé Ca-minando Fronteras eleva a 141 los muertos a ambos lados de la estructura fronteriza.
Ayer sin ir más lejos, la Guardia Civil sacó 3 cadáveres.
Hasta la fecha no hay ningún cuerpo de bebé fallecido, por lo que hasta su constatación oficial, ese dato no deja de ser un rumor.
Los médicos forenses han realizado un total de 77 autopsias, mientras que las restantes está previsto que concluyan durante la jornada de este miércoles.
Los profesionales continúan trabajando junto al Servicio de Criminalística de la Guardia Civil en la realización de las autopsias, así como en la recogida de muestras biológicas y huellas dactilares de todos los fallecidos.
A todos los cuerpos recuperados se les han tomado huellas dactilares y muestras biológicas.
Hasta el momento, dos personas han podido ser identificadas gracias a sus huellas, ya que figuraban registradas en España. No obstante, será el Juzgado el que deba validar oficialmente esas identificaciones.
Uno de ellos es un transfronterizo que estuvo años atrás trabajando de jardinero en Ceuta.
Los cadáveres quedan en la nevera habilitada a modo de morgue en estado de semicongelación para que se pueda evitar un entierro temprano, con vistas a facilitar repatriaciones.
Por cada uno de los cuerpos recuperados se abren diligencias previas, a las que se incorpora el informe preliminar de la autopsia.
Una vez que las víctimas sean identificadas, el juzgado procederá a su reconocimiento oficial y, en aquellos casos en los que ningún familiar reclame el cuerpo, autorizará la correspondiente licencia de enterramiento.
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