La Ciudad ha reconocido la lucha de una mujer que ha brindado al pueblo un galardón que no esperaba y que el jurado reconoció que le pertenecía por generosa y por luchar por la democracia
De María de Eza a Rosa Rodríguez, muchas han sido las mujeres ceutíes que han allanado el camino de la igualdad. El sendero de la libertad. Y en ese sendero, si uno se encuentra con gente como Rosa Rodríguez, que ayer recibió el María de Eza rodeada de más de un centenar de personas en un Salón del Trono en el que no cabía un alfiler, es afortunado. Vital, generosa, luchadora, idealista... Rosa pasa a formar parte de las mujeres más ilustres que reciben el reconocimiento de su pueblo y ella sólo supo reconocer estar apesadumbrada, agradecida y emocionada. El premio “para todos vosotros”, argumentó ofreciéndoselo al auditorio. Reconoció que el de ayer sería uno de los días más felices de su vida y brindó el galardón a sus padres, a los que lloró y recordó cuando le advertían de que “como se diera la vuelta a la tortilla iba a ser la primera en caer”. Pero la democracia se fue aposentando y ella continuó la lucha con pancartas, mítines, ideas, apuestas, puños en altos e ilusiones por mejorar lo que había a su alrededor. A todos sus compañeros de lucha, recuerdos emocionados también. Y a sus hijos, que un día decidieron no juzgarla “para no ser ellos juzgados”. La vida con humor y con lágrimas pero de alegría. Así fue su discurso que rompió el aplauso emocionado de los que la escuchaban.
Y Vivas dijo de ella que es “buena persona, acostumbrada a tratar con todo el mundo, que apostó por la democracia y que nació en julio, mes en que se tomó la Bastilla”. Ese carácter revolucionario lo trasladó el presidente al deber de una sociedad que aún debe seguir apostando por caminar hacia la igualdad. Reconocimiento del trabajo bien hecho con la próxima inauguración del nuevo Chalet de Ybarrola que centrará el trabajo del área de la Mujer en la ciudad y tirón de orejas para los casos, que ayer, Día de la Mujer, debían recordarse, de violencia de género y contra los que hay que “seguir luchando para que podamos disfrutar de una sociedad más justa en la que no quepa la discriminación”. La consejera del área, Mabel Deu pidió a todas las ceutíes recoger el testigo de mujeres como la premiada, porque “gracias a ella se van dando pasos pasa hacer desaparecer la discriminación porque el sexo no nos hace diferentes. Somos iguales y hay que hacer votos y compromiso para que esto se haga realidad, porque quedan muchos pasos que dar”. Rosa seguirá dándoles, porque va en su naturaleza. El jurado lo reconoció: por su mensaje militante, por su vitalidad existencial, su lucha por los demás y por su generosidad. Porque Rosa, no hay más que una. Ceuta se lo agradeció.
Es generosa, luchadora, incansable e inconformista
De ella dicen que es generosa, que sus ojos encierran la sabiduría del que da sin querer recibir. Que es luchadora, que no se conforma y que dice lo que piensa y piensa que lo dice a veces después de decirlo. Nunca pensó en ese premio y en que la gente le pudiera agradecer cosas que pensaba ya se habían olvidado. Dijo que no iba a llorar y lloró. Sus padres ya no están pero sí sus hijos, su motor y una nieta que le quita el sentido. Uno de sus hijos siempre le felicita el día del padre porque le decía “que era padre y madre a la vez”. Rosa Rodríguez es muchas cosas. Ahora, también es Premio María de Eza.






