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“Pago 1.200 euros mensuales en facturas de la Riquísima desde que cerró”

Rafael Martín, propietario, pide que se revise su caso lo antes posible para reabrir el local | El quiosco lleva ocho meses sin actividad alguna

Paga en torno a 1.200 euros mensuales por diferentes recibos. Luz, agua, alquiler o la declaración trimestral por ser autónomo son parte de las facturas que ocupan este gasto. Mientras tanto, por el contrario, la Riquísima, mítico local de Ceuta, no genera ingresos.

El quiosco, que en su día era una fuente de ingresos para Rafael Martín, solo le provoca gastos desde que echó el cerrojo ante el decreto emitido por la Ciudad. “El cinco de febrero entregué toda la documentación. Voy con frecuencia al Ayuntamiento, una o dos veces en semana. Llamo también por teléfono”, manifiesta.

“Me dicen que solo tienen a la técnica y que tienen que venir de Sanidad. Aquí no se presenta nadie”, comenta. “¿A qué esperan para pasarse por aquí?”, menciona. “Aquí nadie me da una solución. Nunca he visto esto. Es de vergüenza. Llega el verano pronto. Es la temporada fuerte de la hostelería”, explica.

Menoscabo económico

 El abono de este importe financiero mes a mes socaba el bolsillo de Martín. Actualmente sobrelleva los costes con los beneficios que genera con el otro establecimiento que regenta, la Riquísima II.

“No puedo seguir a este ritmo. Soy incapaz”, asevera. “No tiramos para todo, para los préstamos y demás”, incide. “Este local es de la ciudad. Todos los meses me pasa el recibo del alquiler. Esto es una locura. No puedo más. Me estoy viendo en la calle perdiéndolo todo”, expresa.

A quien más repercute la situación es a él, pero, hace hincapié en las personas que perdieron su puesto en el momento en el que se dictaminó el cese de su actividad. “Esto es un negocio del que se mantenían doce familias”, remarca.

Otros efectos

El desembolso que hace con cada factura que le llega no es el único gasto que ha tenido hasta la fecha. Los aparatos que usaba normalmente, que han permanecido apagados, al ser encendidos de nuevo tuvieron fallos.

“Lo he limpiado todo cuatro veces ya. Las máquinas se han estropeado. Cuando las he puesto en marcha, estaban sin funcionar”. Martín ha tenido que invertir también capital en repararlas para tenerlas disponibles en cuanto se solvente su expediente. El único pago que se ha ahorrado desde el pasado diciembre es el de la terraza, ya que reclamó y logró que se detuviera el reclamo del ingreso.

He subsanado lo que me solicitaron. He quitado el anexo al quiosco, los servicios, pero ¿qué hago sin aseos? Tener empleados y no tenerlos, es de traca”, expresa. “No soy el único en esta ciudad. Si empezara a denunciar, se irían al paro por lo menos 300 personas”, considera.

Dos semanas

“Cuando presenté los papeles, me dijeron que no me preocupara, que en dos semanas todo estaría listo, pero desde dirección me comunicaron tiempo después que no está en sus manos, que es cuestión de la técnico”, detalla.

Martín explica que fue a hablar con ella y que le remitió que aún no se podía proceder con su caso por “porque tenía que sacar unos papeles muy importantes”, según su versión de los hechos.

No quiero ayudas. Quiero volver a abrir este establecimiento. Llevo 20 años trabajando y nunca he tenido problemas”, alega. Le preocupa la cercanía de la temporada de verano. Teme que para esa fecha no pueda ponerse en marcha y servir tapas o bebidas como de costumbre.

Los tres meses estivales son significativos para todos los bares y restaurantes. Asegura que, conforme pasa el tiempo, va a tener más complicado reunir personal para retomar la Riquísima.

Suciedad

Martín relata que, desde que los ceutíes dejaron de sentarse en su velador, han crecido los incidentes y avisos en la zona. “¿A qué esperan para reabrir esto? Cuando paseo por aquí, atrás del quiosco, veo latas de cerveza, botellines y orines. Esto es un show”.

El propietario estima que, al existir una menor presencia de vecinos por las noches, la plaza y los alrededores del local se convierten en lugares idóneos para que grupos de personas se reúnan en la zona con el consecuente ruido o la posible generación de suciedad.

El pasado noviembre residentes de la barriada, la presidenta de la asociación vecinal, Ana Mesa, y el propio afectado se concentraron para solicitar el fin del decreto de Sanidad.

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