Ángela Sanz Briz es una de las cinco hijas del diplomático español, Ángel Sanz Briz, conocido como el ‘Ángel de Budapest’, quien salvó la vida de más de 5.000 judíos del holocausto nazi. Todo sucedió en la capital de Hungría, Budapest, donde Sanz Briz estaba destinado como encargado de Negocios. Unos hechos heróicos que permanecieron ocultos durante muchos años, pero que al final pudieron salir a la luz y el diplomático español ha tenido el reconocimiento que se merecía. Su familia mantiene viva la llama de su recuerdo.
Este jueves ofrecerá una charla en el Salón de Actos del Ayuntamiento, organizada por la Comunidad Israelita de Ceuta en colaboración con la Fundación Premio Convivencia. Una gran oportunidad para conocer la vida de un hombre que forma parte ya de la historia de nuestro país, pero de la historia en mayúsculas. Y bueno también para que las nuevas generaciones conozcan las bestialidades que el ser humano es capaz de realizar en nombre de una ideología, en este caso la nazi. Verdaderos asesinos de la libertad de todo un pueblo.
-Deben sentir ustedes un gran orgullo…
-Inenarrable. Para todos nosotros, somos cinco hijos y una familia muy grande, es un gran orgullo. Pensar que nuestro padre hizo algo tan maravilloso y salvó tantas vidas nos llena de orgullo.
-En su charla de este próximo jueves, ¿sobre qué líneas va a disertar?
-Voy a hablar de mi padre, de su vida, de lo que hizo en Budapest, cómo fue la historia. En el fondo, es de lo único que puedo hablar, de mi padre.
-¿Cómo fue esa historia?
-Es la historia de un diplomático español que con 33 años estaba en Hungría. Era su primer destino como casado y aunque era encargado de Negocios se encontró como jefe de la legación, ya que a su superior le llamaron a España. Dándose cuenta de la espantosa situación por la que estaban atravesando los judíos en Hungría y utilizando una antigua ley de los tiempos de la Dictadura de Primo de Rivera, que ya no estaba en vigor en España, pero que era un dato que desconocían en Hungría, dio pasaportes, salvoconductos y cartas de protección que lograron salvar más de 5.000 vidas.
-Hay mucha discusión sobre si esta acción de su padre se hizo con el conocimiento del Régimen anterior…
-Desde luego, conocimiento tenía el régimen porque mi padre informó de todo. Era un hombre muy meticuloso. Lo que no hemos encontrado, ni nosotros ni ninguno de los historiadores que ha estudiado este caso, es ninguna instrucción para que lo hiciera. No le contestaban cuando él escribía y pedía permiso.
-¿Cómo era su padre?
-Era un hombre estupendo, bueno, servicial, inteligente, que creía que su vida era para servir a su país. Además, era muy guapo, feo está que yo lo diga, pero también era muy encantador. Gran conversador, un ser excepcional.
-¿En las reuniones familiares, pasados los años, él contaba este caso de Budapest?
-Nosotros sabíamos lo que había hecho en Budapest. Él hablaba con nosotros de ello, pero no era una cosa de la que se hablara mucho, porque era un tema que debió ser tan tremendamente duro, peligroso e impactamente... que lo cierto es que no lo habló mucho. Tampoco lo hicieron quienes sufrieron ese persecución por parte de los nazis. Hay episodios de la vida que son tan duros, que tampoco se hablan así en reuniones.
-El Estado de Israel le reconoció con el título de Justo de las Naciones. ¿Qué ha significado para ustedes este reconocimiento?
-Para nosotros significó muchísimo. Supimos que mi padre tenía el reconocimiento del Estado de Israel en el año 1989. Luego, muchos años más tarde, nos enteramos de que a él se lo ofrecieron en los años 60, pero dijo que no lo podía aceptar sin el permiso de su Gobierno, el Ejecutivo de entonces le recomendó que no lo aceptara y así lo hizo, porque parece que a España en esos momentos no le interesaba y él nunca dijo nada. Ya, en el año 1989, cuando hubo relaciones diplomáticas entre España e Israel por primera vez, el primer embajador israelí vino a mi casa, se lo explicó a mi madre. El título se entregó en una ceremonia preciosa y a partir de ahí comenzaron los homenajes. Desgraciadamente, mi padre había muerto en el año 1980 y él no lo pudo vivir en primera persona.
-¿Han tenido la oportunidad de hablar con alguna de las personas que salvó su padre?
-Con muchas. En España había dos hermanos, con los que tuvimos mucho trato, pero constantemente hay personas que nos dicen que son descendientes o que conocen a alguna persona que salvó mi padre. En Hungría, donde hemos estado en un homenaje que le hicieron donde se descubrió una estatua y una placa, hubo personas a las que mi padre les había salvado. Nos enseñaban los salvoconductos. Un señor nos mostró el salvoconducto donde aparecía una foto de un bebé y resultaba que ese bebé era él.
-De todas maneras, tuvo que ser una operación en la que arriesgó su vida, ya que aunque tuviera la protección diplomática, no nos podemos olvidar que se estaba en guerra.
-Fue muy peligroso, arriesgó su vida, su dinero y toda su carrera.
-Era otra de las cuestiones por la que le quería preguntar. ¿A su padre esta operación le llegó a costar dinero?
-Él no tenía ninguna autorización expresa y tampoco te podían mandar dinero tan fácil. La verdad es que tampoco le iban a mandar dinero, porque nadie le dijo que lo hiciera.
-Su padre, en uno de los informes que envía a Madrid, uno de esos informes donde no le contestan nunca, él ya habla de que la suerte que le esperaba a todos los judíos era las cámaras de gas.
-A él le dieron un chivatazo unos judíos que se habían escapado de un campo de concentración y rápidamente informó a Madrid. Pero creo que, en el fondo, hubo muchos diplomáticos, en distintos países y a distintos Gobiernos, que informaron de ese horror. O era tan brutal que nadie se lo creyó o que no convenía creérselo.
-En la vida diplomática de su padre hay otra cuestión curiosa y es que casi al final, cuando le quedaba poco para jubilarse, se ofrece para ser el primer embajador de España en China y fue el encargado de abrir la legación.
- Sí, se ofreció y fue.
-Pero esta decisión la toma casi a punto de jubilarse...
-Mi padre murió en el año 1980 con 69 años y esto fue como cinco años antes. Como diplomático sí. Mi padre, en sus últimos destinos, había sido embajador en Holanda y Bélgica que era donde estaba. Tenía una carrera muy buena y muy demostrada. Ya se encontraba en Europa que es lo que todo el mundo quiere, pero a él le apasionaba su trabajo, le apasionaba su carrera y vio una oportunidad de oro para hacer una cosa bien interesante.
-La vida de la familia de un diplomático siempre es con las maletas a cuestas…
-La verdad es que sí, cada dos, tres o cuatro años te cambian de país.
- Piensa que su padre ha tenido los reconocimientos que se merecía?
-Ahora sí, pero en vida ninguno, salvo los reconocimientos personales de la gente que le escribía para darle las gracias y cuando llegaba a un puesto nuevo siempre había gente que le venía a ver relacionado con este tema. Ahora se le está empezando a conocer y pienso que es bueno para España, bueno para los españoles, bueno para los diplomáticos. Es un ejemplo a seguir y una persona que es interesante que se le reconozca por su valía.
-Al igual que esta charla que ofrecerá en Ceuta el jueves, ¿lo hace también por otros puntos de nuestro país o del extranjero?
-Nos llaman cada vez más para hablar de nuestro padre porque interesa su figura. Siempre estamos dispuestos, porque somos una familia grande y vamos a todos los lugares donde nos llaman.
-Comparando el caso de su padre con el del industrial alemán que dio nombre a la película La Lista de Schindler, ¿a ustedes les molesta que llamen a su padre el Schindler español?
-Mi padre no era el Schindler español, porque los dos casos no tienen nada que ver. Schindler era un industrial alemán que tenía a una serie de obreros. Es una historia distinta. Schindler salvó sus vidas y también fue muy meritorio, pero nosotros consideramos que nuestro padre no tiene nada que ver.
-De su padre también se hizo una película, ‘El ángel de Budapest’... ¿Qué le ha parecido?
-Es una película española que explica perfectamente la historia de mi padre y de todo lo acontecido en Budapest. Además, todos los años la suelen pasar por Televisión Española y es muy bonito el film. Merece la pena verlo.
Un héroe para la historia contra el genocidio
Ángel Sanz Briz decide, con el conocimiento del gobierno franquista, proporcionar documentos españoles a los judíos sefardíes que pudiese encontrar y negociar con las autoridades húngaras el traslado a lugar seguro de dichas personas. Sanz Briz procede a proteger las vidas de unos 5.200 judíos, usando su influencia y contactos (también su dinero, con el que sobornó al gauleiter alemán), así como edificios alquilados con los fondos de la embajada que rotuló como "Anejo a la legación española". Los métodos que siguió los describió él mismo en el libro Los judíos en España: “Conseguí que el Gobierno húngaro autorizase la protección por parte de España de 200 judíos sefardíes (...) Después la labor fue relativamente fácil, las 200 unidades que me habían sido concedidas las convertí en 200 familias; y las 200 familias se multiplicaron indefinidamente, con el simple procedimiento de no expedir salvoconducto o pasaporte alguno a favor de los judíos que llevase un número superior al 200”.
Los busca en las estaciones de donde salían los deportados y en las marchas de la muerte, que eran columnas de deportados que caminaban hacia su cautiverio. Sólo encuentra a 70 familias sefardíes.
Su familia mantiene hoy en día viva su llama para que no se olvide la figura de un héroe español.






