Al secretario general del PSOE le viene grande el cargo. Tras ser aupado como número 1 por un Salvador de la Encina que debe estar arrepentido de haber colocado a un pueril soberbio al frente de un partido histórico, ha conseguido transformar Daóiz en su sede particular. Se quitó de en medio a los críticos que podían hacerle sombra y se rodeó de quienes le aplauden a su lado, mientras lo critican en las tertulias con café de por medio. Ansioso por acumular poder, ha hecho de la búsqueda de la corrupción su auténtica obsesión. Le da igual lanzarse a la piscina sin flotador con tal de obtener un espacio, un protagonismo. Acuérdense de aquella rueda de prensa en la que dijo haber destapado el mayor caso de corrupción, dando publicidad al famoso vídeo de YouTube. ¿Lo recuerdan? Se descubrió que aquel vídeo era ya conocido por el PSOE y no era más que una estrategia por pretender hacer daño a la figura de Vivas. Carracao ya no habla ni del vídeo, ni del ridículo que hizo: calla y esconde la cabeza. El bautizado como crack hace ahora lo mismo con el asunto de Urbaser. El gallito manejado con informe en la mano se convierte en un chiquillo con zapatos nuevos y habla de corrupción y demás. Lo hace después de pasear al cadáver político de Zarrías con un informe del Tribunal de Cuentas ya archivado que, curiosamente, nada habla de Urbaser a pesar de haber fiscalizado dicho contrato. Fíjese que curioso. En manos de este personaje está el PSOE. En manos de alguien que es valiente para llamar a los medios, para criticar a quien denuncia que su pretendido cambio de plaza no se ajusta a derecho, pero que no lo es para hacer lo que le ha pedido el PP: que si tanto sabe de corrupción, acuda al juzgado y dé nombre y apellidos de los que el considera implicados en la trama que ha orquestado con su o sus protectores. En esa estamos. Con esta altura política nos topamos. Ante situación cabe analizar la respuesta dada por la Ciudad. No se ha escondido ante el desfase contemplado en un informe y avanza el encargo de otro. Pero pide prudencia. Algo que no debería ser solicitado a estas alturas de la vida, puesto que, como el valor en la mili, esa es una cualidad que debe tener todo político. El presidente Vivas habló ayer. Y deberá hacerlo en cuanto se sepa del contenido de dicho informe. Deberá hacerlo porque el asunto lo merece y porque como presidente tiene una obligación, dejar clara cual ha sido la gestión en el contrato de la basura, sin nervios, porque no los tiene, con seguridad, porque es cualidad acorde con la transparencia, y de forma valiente, sin dejarse amedrentar por políticas chantajistas que se están presentando en sociedad ellas solitas. En esta historia del contrato de Urbaser, de cifras e informes debe quedar algo claro, es el presidente de la Ciudad, elegido democráticamente, quien debe marcar los tiempos. Es él y no los chantajistas y aprendices de políticos llegados al poder con padrinos ante la imposibilidad de hacerlo por su valía, quien debe decir cuándo hay Junta de Portavoces, cuándo se debe comparecer y qué postura adoptar con Urbaser. Por cierto, postura que ha sido clara antes y ahora. Prudencia, madurez y lealtad. Ése es el camino. Quien quiera otro tiene a su servicio los juzgados que quiera. O la pataleta.





